Desarrollando una vida de fe por encima de las circunstancias
Cita: Hebreos 11:1-6
"Conquista" y "Fe" son dos palabras que separadas o juntas tienen un enorme significado. Nosotros no podemos alcanzar por nuestras fuerzas lo que Dios preparó para nosotros; debemos desarrollar una vida de fe.
Algunos podrán decir: "yo no tengo la capacidad de creer" o "no puedo ver más allá de lo que estoy viviendo". Sí, puede pasar. Todos hemos vivido momentos donde parece que no hay nada para conquistar, sino que también hemos perdido toda la capacidad de creer…
Pero seguimos leyendo este pasaje y llega a lo más profundo de nuestro corazón, porque nos habla de distintos momentos y circunstancias:
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De muerte, de debilidad, de sacrificio.
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De desesperanza, de crisis, de imposibilidades.
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De caminar sin ver nada.
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De la pérdida de oportunidades por el paso del tiempo.
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De puertas cerradas y situaciones extremas.
La llave que cambió toda realidad es la FE. Y lo lindo es que no importa si es mucha o poca, pequeña o grande; simplemente la fe en Dios puede cambiar todo destino. La analogía de la lancha
En un libro que leí, se mencionaba "la lancha amarrada".
El problema no está en la lancha ni en el motor; si no la desataban, no se movería del lugar y solo tiraría agua para todos lados. Muchas veces tenemos todo para avanzar en la vida: palabras, dones, bendiciones... pero aun teniendo todo, hay personas que no avanzan, que no despegan, que no pueden salir de su situación. Están constantemente ligadas a algo. Si estás viviendo algo así, quiero decirte que es tiempo de cortar amarras para comenzar a caminar en lo que Dios tiene para tu vida. Les puedo asegurar que irán más allá de lo que se imaginan.
¿Cómo podemos despegar de nuestras situaciones?
Ejemplo: "La Cebolla"
Una cebolla a simple vista no dice nada; la cáscara que la recubre está seca y rota. Pero a medida que vamos quitando las capas, el olor y el sabor empiezan a hacerse cada vez más fuertes, hasta que se aprecia lo que está dentro, el corazón.
Así también es nuestra vida. Cuando Dios trata con nosotros, saca las partes más secas y sin vida hasta que empieza a verse lo que está adentro, esperando ser activado, descubierto o trabajado. Nuestra vida en Dios es un proceso de capas; Él trabaja en nosotros a través de diferentes circunstancias. Su trabajo no para hasta que llega a lo profundo.
Aunque muchas veces parece que no pasa nada, o que nuestra vida está en una meseta, Él trabaja en cada capa a medida que vamos tomando decisiones. Él no se apura, no obliga, no abandona; solo espera que estemos dispuestos a entrar en ese cambio. En ese proceso, Dios comenzará a hacernos sanos y libres.
El proceso de Sanidad y Crecimiento
Es hermoso ver a una persona cuando recién llega a Cristo: cómo Dios hace cambios en su vida, se les resuelven problemas, viven milagros. Parece que Dios los escucha muy bien.
En el inicio, Dios interviene fuertemente, los saca de las tinieblas a la luz. Les da una nueva vida y esperanza para que su fe se fortalezca.
Pero luego, Él comienza a quitar las capas una a una. Allí comienza el "trato": Dios mete cuchillo y te muestra lo que está bien y lo que no, qué dejar, qué cambiar, qué ceder o aprender. Justo cuando te sientes fortalecido, Dios se dispone a trabajar un poco más profundo, a quitarte otra capa de la "cebolla", llevando el proceso a un nuevo nivel de sanidad.
El Ingrediente Principal
Seguramente todos tenemos promesas de Dios por alcanzar o estamos esperando cosas de Él. El ingrediente principal es la FE. La Biblia dice: "Por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas...". Tenemos que desarrollar la fe para lograr esa conquista y ver la justicia de Dios.
Aquí tal vez se halle el mayor problema en la vida espiritual: muchas veces se está detenido, atado o condicionado para creerle a Dios. Esta es la gran batalla del corazón. Aprender a crecer en la fe es uno de los procesos más necesarios. "Sin fe es imposible agradar a Dios". No hay otra forma de ganar, conquistar o extendernos. La semilla y la batalla mental
La escritura nos dice que si nuestra fe es como un grano de mostaza (la más pequeña de las semillas), puede llegar a convertirse en uno de los árboles más grandes. La semilla tiene vida propia dentro de sí. Si la guardamos en un bolsillo, seguirá siendo una semilla; pero si la sembramos en la tierra, comenzará a soltar la vida que tiene.
Muchas veces no entendemos por qué vivimos situaciones críticas o de dolor, y es porque el enemigo ataca nuestra fe. La fe es la que permite que el poder de Dios suelte la vida que hay adentro. Debemos aprender a sembrar esa fe en nuestros problemas y necesidades.
Dice la Palabra: "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve". Con la fe somos introducidos en un mundo espiritual que tiene dominio sobre lo natural.
El ejemplo de Abraham
Abraham fue un hombre dispuesto a salir sin saber a dónde iba. Dios tuvo que tratar con su vida y modificar cosas fundamentales. Abraham vivía luchas intensas porque no veía posibilidades lógicas, pero tenía una visión y una palabra de Dios en su corazón. Dios cambió el nombre de Abram (Padre Exaltado) a Abraham (Padre de Multitudes). Así lo hizo declarar a través de su nombre lo que todavía no tenía. Llamarse "Padre de Multitudes" cuando no tenía ningún hijo parecía una burla, pero Dios quería transformar primero el lenguaje de Abraham. Él debía aprender a declarar lo que no tenía y soltar en fe lo que se le había prometido.
La batalla se gana primero en la mente, en el momento en que decides creerle a Dios a pesar de lo que veas o sientas.
¿Qué debemos conquistar?
1. En nuestra vida personal, tenemos que alcanzar la victoria sobre el pecado o sobre lo que nos detiene. Tal vez luchar con perdonar a los que nos dañaron, o con la amargura, la tristeza o la ira. A veces tenemos que soltar personas o situaciones que nos impiden crecer.
Muchas veces la incredulidad o la falta de fe son impedimentos. El sentir que Dios no nos dará algo (quizás por la culpa que cargamos) nos detiene. Pero debemos confiar en Su fidelidad, en Su amor y en Su cuidado.
2. En el hogar, con la familia.
Dentro del ámbito familiar es donde las personas más daño reciben. Muchas veces se generan heridas profundas que acompañan el resto de sus días. Es duro ver que este es el lugar donde tantos pierden sus batallas y el enemigo los marca para que queden a un lado del sendero. Dios desea un camino diferente.
La iglesia necesita ser respuesta a tantos que buscan salir del sufrimiento y el dolor que les ha causado la convivencia familiar. Muchas veces:
El abuso.
El maltrato.
La falta de amor y el egoísmo.
El pecado y la indiferencia.
La falta de compromiso y la avaricia.
Todo esto lleva a muchos a no mirar por lo suyos y seguir adelante sin importar quién queda en el camino.
Debemos reparar en Dios lo que se ha dañado. Cambiar los comportamientos adquiridos que solo llevan al dolor y al desconsuelo, estableciendo parámetros en los que una buena comunicación y la resolución de conflictos sean sin violencia ni agresiones.
Alguien dijo que "los padres son sembradores de recuerdos en la vida de sus hijos", y es cierto. Por eso debemos preguntarnos: ¿Qué estoy sembrando en la vida de mi familia, o cómo estoy sembrando?
Referencia bíblica: Salmo 112:1-3.
3. Tu lugar donde estás (Trabajo, barrio o donde Dios te ha puesto)
Consideremos nuestra tierra, Latinoamérica: una región rica, con increíbles recursos, con una tierra tan rica naturalmente, pero la realidad es que son países pobres. Nuestro pueblo sufre por la pobreza, por la falta de trabajo, de desarrollo.
Aún como iglesia sufrimos esto, porque cada emprendimiento nos cuesta enormemente. Dios quiere que comencemos a conquistar también esta área. El Señor quiere que la iglesia aprenda a tomar dominio sobre el lugar donde está para transformarlo. Muchas veces pensamos: "si cambia el gobierno", "si surge esto o aquello...". Sin embargo, los cambios se dan cuando las personas son transformadas, y luego son ellas las que transforman el lugar. Hemos visto congregaciones que toman su lugar y hacen un cambio en su ciudad al modificarse el ambiente espiritual, y este es un principio del cambio general necesario.
Por otro lado, Dios le ha dado a la iglesia la promesa del poder para hacer riquezas. Referencias bíblicas: Deuteronomio 8:18 y 28:2-8.
Dios no nos ha dado un "evangelio de prosperidad", sino un evangelio que nos prospera. Muchos han hecho del dinero un fin, en vez de un medio que Dios usa para bendecir y cambiar la realidad del otro. Dios nos enseña a vivir un evangelio de generosidad.