Hechos 1:8
“Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes; y serán mis testigos…” — Hechos 1:8 (NTV)
Estamos celebrando 216 años de la institución del primer gobierno patrio. El comienzo de una revolución que seis años más tarde terminaría en la declaración de independencia de nuestra nación.
Y algo interesante de las revoluciones es que nunca comienzan porque sí.
Siempre hay una antesala.
Hay cansancio.
Hay frustración.
Hay un momento donde algo ya no da para más.
Y eso era exactamente lo que estaba pasando en aquel tiempo.
El pueblo estaba cansado de la opresión, cansado de depender de un sistema que ya no podía sostenerlo y comenzó a levantarse un deseo profundo de libertad.
Pero hay algo que me llama mucho la atención:
la revolución comenzó en un día…
pero la independencia fue un proceso.
Porque las revoluciones comienzan procesos de libertad que se construyen con el tiempo.
Y mientras preparaba esta palabra sentía muy fuerte esto:
muchos quieren cambios instantáneos, pero Dios muchas veces trabaja en procesos.
Hoy también celebramos Pentecostés, la fiesta de las cosechas. Pero este Pentecostés en particular también fue el comienzo de algo.
No fue solamente un evento espiritual.
No fue solamente una reunión poderosa.
Fue el inicio de la Revolución de la Iglesia.
Porque el Espíritu Santo no vino solamente para emocionarnos.
Vino para transformarnos.
Y cuando una persona realmente se encuentra con Jesús, llega un momento donde algo adentro empieza a decir:
“No puedo seguir viviendo igual.”
Ahí comienza la revolución.
1. LA REVOLUCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO
“Pero recibirán poder…”
— Hechos 1:8 (NTV)
La revolución más poderosa no empieza afuera.
Empieza adentro.
Y eso es justamente lo que produce el Espíritu Santo en una vida.
No viene solamente a darte una experiencia momentánea.
No viene solamente a hacerte sentir algo lindo en una reunión.
Viene a producir una transformación tan profunda que ya no podés seguir siendo el mismo.
Porque cuando alguien se encuentra genuinamente con Dios, algo cambia.
Y aunque el proceso lleve tiempo, haya áreas que Dios siga trabajando, y todavía estemos creciendo, empieza a notarse que ya no somos iguales.
La gente empieza a notar que algo pasó.
Porque el Espíritu Santo transforma una vida desde adentro.
Y esa revolución interior empieza a notarse en distintas áreas de nuestra vida.
2. ÁREAS EN LAS QUE EL ESPÍRITU SANTO NOS CAMBIA
- Cambia nuestro vocabulario
“También un pequeño timón hace que un enorme barco gire adonde desee el capitán, por fuertes que sean los vientos. De la misma manera, la lengua es algo pequeño que pronuncia grandes discursos. Así también una sola chispa puede incendiar todo un bosque.” — Santiago 3:4-5 (NTV)
Cuando el Espíritu Santo descendió en Pentecostés aparecieron lenguas como de fuego sobre ellos.
Y eso no es un detalle menor.
Porque una de las primeras cosas que Dios empieza a transformar en nosotros es nuestra manera de hablar.
Antes hablábamos derrota.
Ahora empezamos a hablar esperanza.
Antes hablábamos miedo.
Ahora empezamos a hablar fe.
Antes todo era queja.
Ahora empezamos a declarar las maravillas de Dios.
Y no estoy diciendo que ahora vivimos negando problemas.
Estoy diciendo que ya no hablamos como personas derrotadas.
Porque lo que hablamos muchas veces termina marcando la dirección de nuestra vida.
Hay gente que todos los días declara:
“no puedo”,
“no me sale”,
“siempre voy a ser igual”,
“nunca voy a cambiar”.
Pero cuando el Espíritu Santo empieza a revolucionar una vida, también empieza a revolucionar su lenguaje.
Porque lo que hablamos revela muchas veces cómo pensamos.
Y por eso el Espíritu Santo no solamente cambia nuestra boca.
También transforma nuestra manera de pensar.
- Cambia nuestra manera de pensar
“Dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar.” — Romanos 12:2 (NTV)
El Espíritu Santo rompe mentalidades viejas.
Porque hay personas que aman a Dios…
pero todavía piensan derrotadas.
Y Dios no quiere solamente cambiar tu eternidad.
Quiere transformar tu mente.
La sociedad dice:
“no hay esperanza.”
Pero Dios dice:
“todavía estoy trabajando en vos.”
La sociedad dice:
“ya no servís.”
Pero Dios dice:
“te escogí con propósito.”
Y cuando Dios cambia nuestra manera de pensar, empieza a cambiar nuestra forma de vivir.
Porque ya no enfrentamos la vida desde el miedo.
Ahora la enfrentamos desde la fe.
Y cuando cambia nuestra manera de pensar, empieza a cambiar incluso lo que reflejamos.
- Cambia nuestro semblante
“El corazón alegre se refleja en el rostro…”
— Proverbios 15:13 (NTV)
Cuando Dios sana el corazón, se empieza a notar.
No porque desaparezcan todos los problemas.
Sino porque aparece una esperanza distinta.
Hay personas que viven cargadas, agotadas, endurecidas por lo que atravesaron.
Pero el Espíritu Santo empieza a traer:
• paz,
• gozo,
• descanso,
• vida.
Y de repente cambia la mirada.
Cambia la actitud.
Cambia la manera de caminar.
Porque cuando Cristo entra en una vida, no solamente cambia lo espiritual.
Empieza a transformar todo el interior.
Y cuando Dios transforma el interior, también transforma nuestra manera de relacionarnos con otros.
- Cambia nuestra manera de relacionarnos y cómo nos ven los demás
Jesús tomó a Pedro, un pescador impulsivo, y le dijo:
“Ahora serás pescador de personas.”
— Mateo 4:19 (NTV)
Pablo pasó de perseguidor de la iglesia a defensor del evangelio.
Tomás pasó de incrédulo y temeroso a creyente firme.
“No seas incrédulo. Cree.”
— Juan 20:27 (NTV)
Porque cuando Jesús transforma una vida, la gente empieza a darse cuenta.
Empiezan a decir:
“algo pasó con esta persona.”
Y eso es justamente una revolución.
No solamente emoción.
No solamente palabras.
Transformación real.
3. LA REVOLUCIÓN DEL ESPÍRITU NOS HACE LIBRES
La revolución más poderosa que podemos experimentar como personas es que Dios nos llene tanto de su amor que dejemos de vivir presos.
Porque Jesús no vino solamente para perdonarte.
Vino para libertarte.
- Libres del temor
“El amor perfecto expulsa todo temor.”
— 1 Juan 4:18 (NTV)
Dios no te llamó a vivir paralizado.
No te llamó a vivir detenido por el “¿y si pasa algo?”.
- Libres de la desesperanza
“Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder…” — 2 Timoteo 1:7 (NTV)
El Espíritu Santo trae poder para seguir avanzando aun en medio de las dificultades.
Hay momentos donde el cansancio quiere hacerte bajar los brazos.
Momentos donde sentís que ya no podés más.
El Espíritu Santo no viene solamente a emocionarte por un momento.
Viene a sostenerte para que no te rindas.
Aun en medio de los procesos…
Dios sigue obrando.
- Libres de la apatía y del desenfreno
“Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina.” — 2 Timoteo 1:7 (NTV)
El amor rompe la indiferencia.
El dominio propio rompe el descontrol.
Porque Dios no nos llamó a vivir endurecidos ni esclavos de nuestros impulsos.
- Libres de la orfandad
“Ahora lo llamamos: ‘Abba, Padre’.”
— Romanos 8:15 (NTV)
El Espíritu Santo nos recuerda que no estamos solos.
Somos hijos de Dios.
Y cuando entendés eso, cambia completamente tu identidad.
Porque ya no vivís buscando aceptación en todos lados.
Ahora sabés quién sos.
Y cuando una persona empieza a vivir verdaderamente libre, eso inevitablemente termina impactando a otros.
Pero para vivir esa libertad plenamente, hay cosas de las que Dios quiere sanarte.
4. DIOS NOS LLEVÓ A LIBERTAD
Dios no te llamó a vivir preso de:
- El odio
“Abandonen toda amargura, enojo e ira…”
— Efesios 4:31 (NTV)
Hay personas que viven enojadas con todo.
Y muchas veces las heridas mal tratadas terminan endureciendo el corazón.
Pero Jesús no nos llamó a vivir consumidos por el enojo.
Porque el odio termina destruyendo primero al que lo guarda.
Y el Espíritu Santo quiere traer sanidad a áreas que hace tiempo duelen.
- El letargo espiritual
“Sirvan al Señor con entusiasmo.”
— Romanos 12:11 (NTV)
Dios no te llamó a vivir apagado.
No te llamó a vivir una fe automática y costumbrista.
Te llamó a vivir con fuego.
Porque hay una gran diferencia entre asistir a la iglesia…
y vivir apasionados por Jesús.
- La falta de propósito
“Somos la obra maestra de Dios…”
— Efesios 2:10 (NTV)
Tu vida tiene propósito.
No naciste simplemente para pasar por esta tierra.
Dios puso algo único dentro tuyo para bendecir a otros.
Hay personas que todavía creen que solamente están sobreviviendo…
pero Dios nunca diseñó tu vida para simplemente existir.
Fuiste llamado a reflejar a Cristo.
Fuiste llamado a llevar esperanza.
Fuiste llamado a marcar una diferencia.
Y eso no puede manifestarse completamente hasta que la revolución del Espíritu Santo suceda dentro tuyo.
“El reino de Dios… consiste en llevar una vida de bondad, paz y alegría en el Espíritu Santo.”
— Romanos 14:17 (NTV)
Dios te llamó:
a vivir una vida de paz,
una vida de gozo,
una vida de poder.
La revolución comienza en el corazón…
pero nunca se queda solamente ahí.
5. UNA REVOLUCIÓN QUE IMPACTA A OTROS
“Esos que han trastornado al mundo entero ahora han venido aquí…”
— Hechos 17:6 (NVI)
La sociedad empezó a notar el efecto de estas personas.
Porque una vida verdaderamente transformada nunca queda encerrada solamente en una persona.
Empieza a afectar todo alrededor.
Llega a la familia.
Llega al trabajo.
Llega al barrio.
Llega a los amigos.
Por eso dijeron:
“estos trastornan el mundo.”
Porque donde llegaban llevaban vida.
Cuando otros hablaban derrota, ellos llevaban esperanza.
Cuando otros llevaban odio, ellos llevaban amor.
Cuando otros se acostumbraban a la oscuridad, ellos aparecían con la luz de Cristo.
Porque el evangelio nunca fue diseñado para vivirse encerrado.
La revolución del Espíritu Santo siempre se expande.
LA REVOLUCIÓN SIGUE HOY
Pentecostés no fue el final.
Fue el comienzo.
La revolución del Espíritu Santo sigue ocurriendo hoy.
Y quizás hoy llegaste diciendo:
“No da para más.”
Pero muchas veces es justamente ahí…
cuando algo ya no da para más…
que Dios empieza algo nuevo.
Porque así como aquella revolución comenzó un proceso hacia la independencia… cuando el Espíritu Santo entra en una vida también comienza un proceso de libertad verdadera.
Y quizás todavía hay áreas donde Dios sigue trabajando.
Áreas que siguen sanando.
Áreas que todavía están siendo transformadas.
Pero eso no significa que Dios no esté obrando.
La revolución comenzó…
y el Espíritu Santo sigue trabajando dentro tuyo.
Y lo más poderoso es que no termina solamente en vos.
Dios quiere usar tu vida para impactar a otros.
Tu familia puede cambiar.
Tu casa puede cambiar.
Tu entorno puede cambiar.
Porque cuando el Espíritu Santo entra verdaderamente en una vida…
ya nada vuelve a ser igual.
Pastor Christian Schahab