No cambiamos para que Jesús nos ame. Cambiamos porque Jesús nos amó primero.
Mateo 9:9-13 NTV
Lucas 3:10-16 NTV
El bautismo es una decisión.
No es el agua la que cambia mágicamente nuestra vida. El cambio comienza antes: en una decisión interna de rendir nuestra vida a Jesús y dejar atrás aquello que nos alejaba de Él.
En la época de Jesús, el bautismo que Juan hacía y practicaba tenía también una dimensión pública muy fuerte. Era una demostración pública de romper con el señorío del César.
Era, hablando en criollo, ponerse de frente y decirle al César:
“No tengo nada que ver con vos. Ya corto con vos.”
Para nosotros, los que hemos decidido bautizarnos, significa algo similar: estamos diciendo públicamente que decidimos rendir nuestra vida a Jesús y cortar con aquello que antes nos alejaba de Él.
Es una decisión fuerte. No es algo que hacemos simplemente porque sí.
El bautismo muestra públicamente algo que primero ocurrió internamente.
No corta por arte de magia. Corta por decisión.
Y esa decisión nos lleva a una pregunta:
¿Qué significa realmente comenzar una nueva vida con Jesús?
1. JESÚS NOS ENCUENTRA COMO ESTAMOS
Mateo 9:9-13 NTV
“Mientras caminaba, Jesús vio a un hombre llamado Mateo sentado en su cabina de cobrador de impuestos. «Sígueme y sé mi discípulo», le dijo Jesús. Entonces Mateo se levantó y lo siguió. Más tarde, Mateo invitó a Jesús y a sus discípulos a una cena en su casa, junto con muchos cobradores de impuestos y otros pecadores de mala fama. Cuando los fariseos vieron esto, preguntaron a los discípulos: «¿Por qué su maestro come con semejante escoria?». Cuando Jesús los oyó, les dijo: «La gente sana no necesita médico, los enfermos sí». Luego añadió: «Ahora vayan y aprendan el significado de la siguiente Escritura: “Quiero que tengan compasión, no que ofrezcan sacrificios”. Pues no he venido a llamar a los que se creen justos, sino a los que saben que son pecadores».”
Mateo pertenecía a un sector social despreciado.
No era solamente un cobrador de impuestos. Era un judío cobrando impuestos para Roma y, además, los cobradores tenían fama de cobrar más de lo que correspondía.
Por eso la sociedad no veía a Mateo como alguien digno de admiración.
Sin embargo, cuando Jesús lo vio, no se quedó mirando su reputación.
No vio solamente su pasado.
No vio solamente sus errores.
Vio al que necesitaba una salida.
Y le dijo:
“Sígueme y sé mi discípulo.”
Los fariseos no podían entender que Jesús se sentara a comer con personas como Mateo. Pero Jesús deja clara su misión:
“La gente sana no necesita médico, los enfermos sí.”
Jesús no vino a buscar personas perfectas.
Jesús no vino a buscar a los mejores. Vino a buscarnos a nosotros.
Esto también cambia la manera en la que vemos nuestra propia vida.
Muchas veces intentamos justificar nuestro valor comparándonos con otros: “Yo no hago esto.”
“Yo no soy como aquel.”
“Por lo menos yo no llegué tan lejos.”
Pero Jesús no vino a buscar excusas.
Vino a buscarnos a nosotros.
EL AMOR VIENE ANTES QUE EL CAMBIO
Muchas veces pensamos:
“Cuando cambie, Dios me va a amar.”
Pero el evangelio funciona al revés
No tenemos que ser mejores para conseguir el amor de Dios.
Dios nos ama.
Dios nos ayuda porque nos ama.
Y nuestras decisiones no hacen que Dios nos ame más o menos.
Pero sí pueden acercarnos o alejarnos de todo lo que Dios tiene para nuestras vidas.
Por eso, la gracia no significa que nuestras decisiones no importan.
Nuestras decisiones nos pueden y nos van a empujar a estar más cerca o más lejos de todo lo que Dios tiene para nosotros.
2. EL AMOR QUE RECIBIMOS NOS TRANSFORMA
El encuentro con Jesús produce una respuesta.
Mateo no solamente escuchó:
“Sígueme.”
Mateo se levantó y siguió a Jesús.
Y Lucas 3 nos muestra que este principio ya aparecía en el ministerio de Juan.
Lucas 3:10-16 NTV
“Las multitudes preguntaron: —¿Qué debemos hacer? Juan contestó: —Si tienes dos camisas, da una a los pobres. Si tienes comida, comparte con los que tienen hambre. Hasta los corruptos cobradores de impuestos vinieron a bautizarse y preguntaron: —Maestro, ¿qué debemos hacer? Él les contestó: —No recauden más impuestos de lo que el gobierno requiere. —¿Qué debemos hacer nosotros? —preguntaron algunos soldados. Juan les contestó: —No extorsionen ni hagan falsas acusaciones, y estén satisfechos con su salario. Todos esperaban que el Mesías viniera pronto, y tenían muchas ganas de saber si Juan era el Mesías. Juan contestó a sus preguntas diciendo: «Yo los bautizo con agua, pero pronto viene alguien que es superior a mí, tan superior que ni siquiera soy digno de ser su esclavo y desatarle las correas de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego».”
Cuando los cobradores preguntaron qué debían hacer, Juan no les dijo que dejaran necesariamente su profesión.
Les dijo:
“No recauden más impuestos de lo que el gobierno requiere.”
Es decir:
dejen de hacer aquello que está mal.
La gracia de Dios no nos deja iguales.
Pero tampoco podemos transformar nuestra vida solamente con nuestra fuerza. La disciplina ayuda.
La decisión ayuda.
El esfuerzo ayuda.
Pero no podemos asegurar nuestra transformación solamente con nuestra propia capacidad. Por eso:
Jesús no está esperando que vos o yo seamos los mejores en todo. Nos está esperando para hacernos mejores en todo.
Y no se trata de ser mejores que otra persona.
Jesús no viene a compararte con otra persona. Viene a compararte con tu antigua versión de vos.
Todavía hay cosas que cambiar.
Todavía hay cosas que crecer.
Pero podemos reconocer algo:
No estamos donde arrancamos.
ZAQUEO: UNA RESPUESTA AL AMOR
Zaqueo muestra lo mismo.
Era cobrador de impuestos y jefe de cobradores.
Su reputación era todavía peor.
Pero cuando supo que Jesús estaba pasando, hizo todo lo posible para verlo. Jesús lo vio y decidió acercarse a él.
Y después de encontrarse con Jesús, Zaqueo tomó decisiones concretas.
Decidió dar la mitad de sus bienes a los pobres y devolver cuatro veces más a quienes había defraudado.
Su encuentro con Jesús produjo un cambio en su manera de vivir.
Zaqueo no cambió para conseguir que Jesús lo amara.
Cambió porque recibió un amor que no esperaba recibir.
Por eso la transformación cristiana no nace solamente de la disciplina.
No cambiamos porque somos mejores. Cambiamos porque recibimos un amor que nos impulsa a querer ser distintos.
3. NO VIVAS EN MODO AVIÓN
Esta verdad también alcanza a quienes llevamos tiempo caminando con Jesús. Podemos acostumbrarnos.
Venimos a la iglesia.
Cantamos.
Saltamos.
Servimos.
Escuchamos la Palabra.
Y seguimos adelante.
Pero podemos hacer muchas cosas relacionadas con Dios y, al mismo tiempo, perder nuestra conexión con Dios.
Como un teléfono en modo avión:
sigue funcionando, pero está desconectado.
Podemos seguir funcionando externamente y estar desconectados internamente. Por eso necesitamos volver a las bases.
Volver a recordar lo que Jesús hizo en nuestras vidas.
Volver a recordar cuánto nos ama.
Volver a conectarnos con Él.
Jesús nunca planteó una vida de modo avión.
Su relación con el Padre era constante.
Se retiraba a orar.
Buscaba al Padre.
Y después volvía a estar con las personas.
Su actividad nunca reemplazó su comunión.
La Biblia habla de recibir al Espíritu Santo y de que desde nuestro interior correrán ríos de agua viva.
Un río tiene movimiento.
Cuando el agua deja de correr y se estanca, comienza a deteriorarse.
De la misma manera, no podemos vivir solamente de lo que Dios hizo en nosotros hace años. Necesitamos seguir conectados con Él.
Dios no nos llamó a una vida cristiana automática.
LA EXPERIENCIA NO REEMPLAZA NUESTRA DEPENDENCIA DE JESÚS
Los discípulos tenían experiencia.
Algunos eran pescadores.
Conocían el agua.
Sabían navegar.
Sin embargo, enfrentaron situaciones que superaban su experiencia.
Pedro caminó sobre el agua y tuvo miedo.
Después apareció una tormenta y los discípulos pensaron que iban a morir. En ambas situaciones Jesús estuvo presente.
Esto nos recuerda:
Por más experiencia que tengamos, seguimos necesitando a Jesús.
Los años de cristianismo no nos vuelven independientes de Él.
Podemos conocer la Biblia.
Podemos servir.
Podemos tener experiencia.
Podemos haber vivido muchas cosas con Dios.
Y aun así necesitamos volver a Jesús.
La nueva vida que Jesús ofrece no es solamente para quien nunca lo conoció.
También es para quienes necesitan volver.
Quizás necesitás dejar atrás algo.
Quizás necesitás entender que Dios no está esperando que seas perfecto para amarte.
Quizás llevás años caminando con Jesús, pero empezaste a vivir en automático.
Quizás necesitás quitar el modo avión.
Volver a conectarte.
Volver a recordar su amor.
Porque:
No cambiamos porque somos mejores. Cambiamos porque recibimos un amor que nos impulsa a querer ser distintos.
Jesús no está esperando que vos o yo seamos los mejores en todo. Nos está esperando para hacernos mejores en todo.
Jesús no viene a compararte con otra persona. Viene a compararte con tu antigua versión de vos.
Todavía hay cosas por cambiar.
Todavía hay cosas por crecer.
Pero:
no estamos donde arrancamos.
Jesús nos encontró.
Jesús nos amó.
Jesús nos rescató.
Y por eso:
UNA NUEVA VIDA ES POSIBLE.
ORACIÓN FINAL
Jesús, gracias porque no esperaste que fuéramos perfectos para acercarte a nosotros.
Gracias porque nos amaste primero.
Ayudanos a no vivir en automático.
Ayudanos a volver a conectarnos con vos.
Mostranos qué tenemos que dejar atrás y ayudanos a vivir desde tu amor. Que nuestra vida siga siendo direccionada hacia vos.
Amén.
Pr. Christian Schahab.