En Dios siempre hay una chance más.
El salto
Cuando era chico, estaba en primaria y había un torneo de gimnasia acrobática.
Había un ejercicio que era de los más exigentes: tenías que ir corriendo, saltar en el cajón, dar una vuelta de carnero en el aire y pasar del otro lado sin tocar el cajón.
Había otro parecido, un poco menos exigente, donde podías apoyar la mano en el cajón.
Unos días antes habíamos entrenado y todos pasábamos por esto. El ejercicio sin apoyar la mano, a la primera no me había salido, pero las dos pasadas siguientes me salió perfecto.
El día de la exposición teníamos que hacer los dos: primero con la mano y después sin la mano.
Fui corriendo, hice la primera con la mano y cuando llegó la segunda se me cruzaron los cables y también la hice con la mano.
Cuando bajé pensé:
«Hoy me confundí».
Después vi que algunas personas habían podido repetir el ejercicio.
Entonces pensé:
«La hago de vuelta. Ahora ya me salió varias veces».
Pedí hacerla otra vez.
Y me dijeron:
«No. No la hagas. Salí».
No me dieron otra oportunidad.
Me quedé sin oportunidad.
Yo ya lo había hecho bien. Necesitaba solamente una oportunidad para hacerlo de vuelta, pero me la negaron.
Cuando no nos dan otra oportunidad
¿Alguna vez te pasó que estabas pidiendo o necesitando una oportunidad nueva y no te la dieron? Quizás en un negocio.
Quizás en una relación.
Quizás en un trabajo.
Algo te salió mal y dijiste:
«¿Puedo hacerlo de vuelta?»
Y te dijeron:
«No, ya está».
Quizás aspirabas a un puesto y no te lo dieron porque te confundiste por un error.
Quizás esperabas simplemente que alguien creyera en vos, que podías hacer algo mejor, y no sucedió.
Muchas veces personas de las que esperábamos una mano no nos dieron la mano, sino que sentimos que nos dieron la espalda.
Nos cortaron el respaldo.
Y terminamos concluyendo:
«La oportunidad que quería no me la dieron».
El rechazo
Cuando te niegan una oportunidad, en definitiva, te sentís rechazado.
«Ya está. Te rechazo. No es para vos. No quiero darte esta mano».
Y el rechazo produce algo en nosotros.
Produce un mecanismo de defensa.
Hay situaciones que nos lastiman y producen en nuestra mente una forma de responder que después, aunque sepamos que podemos responder distinto, respondemos mal.
Nuestra mente toma la decisión de levantar una barrera para que la misma sensación que tuvimos no vuelva a acontecer.
La cucaracha
Si vos sabés que sos más grande y más fuerte que una cucaracha, ¿por qué cuando aparece te vas corriendo?
Sabés que sos más grande.
Sabés que la podrías aplastar.
Pero aparece la cucaracha y tu mente dice:
«Cucaracha».
Y te vas corriendo.
Así como una situación puede despertar algo negativo en nosotros, otra acción también puede despertar algo bueno.
Esto es lo que pasa cuando las situaciones nos lastiman: crean profundamente en nosotros una forma de responder y después, aunque sepamos que podemos responder distinto, respondemos mal.
Y esas reacciones producto de lo que vivimos antes vuelven a producir nuevamente que reaccionemos peor.
Se empieza a generar un círculo de pensamientos que nos hacen encerrarnos en nosotros mismos y terminar diciendo:
«No salgo más».
1. PEDRO: EL MISMO HOMBRE
En la Biblia encontramos la historia de una persona muy conocida que tuvo esto: de repente las oportunidades que tenía no las pudo aprovechar y necesitó otra oportunidad.
Ese personaje es Pedro.
Pedro, el pescador. El que estuvo con Jesús durante tres años.
Podemos recordar algunos hechos muy puntuales de su vida.
Mateo 16:16-23
Jesús pregunta:
«¿Quién dice la gente que soy?»
Y después pregunta:
«¿Y ustedes quién dicen que soy?»
Pedro se levanta y responde:
«Vos sos el Cristo, el Hijo de Dios».
Y Jesús le dice que eso no se lo había revelado ningún hombre, sino el Padre que está en el cielo. Pedro recibe una revelación.
Pero inmediatamente después sucede algo.
Jesús empieza a contarles que, como Él es el Cristo, tiene que dar su vida, morir y entregarse por nosotros.
Y Pedro le dice:
«No, Señor. No te conviene eso».
El mismo Pedro.
El mismo hombre.
El que acaba de recibir una revelación de parte de Dios es el que inmediatamente después le dice a Jesús que no se entregue.
Y Jesús le responde:
«¡Aléjate de mí, Satanás!»
No cortemos esa conexión.
Porque es el mismo Pedro.
El mismo que acaba de recibir una revelación.
El mismo que acaba de decir quién es Jesús.
Y minutos después está diciendo:
«No, Jesús. Eso no».
Después Jesús le dice que lo va a negar.
Y Pedro responde:
«No, Señor. ¿Cómo te voy a negar? ¿Cómo voy a ser el que diga que no te conoce?» Pero Pedro lo negó.
Mateo 26:69-75
Pedro, que estaba con Jesús, que había vivido con Jesús, que lo acompañó a todos lados y sabía quién era Jesús, de repente niega a Jesús.
Y acá aparece algo que nos puede pasar:
Tuvimos todo y de repente una acción nuestra nos hace ver como que ya no hay oportunidad, porque teníamos todas las de ganar y decidimos perder.
2. «INCLUIDO PEDRO»
Después de esto, Pedro se fue a llorar amargamente.
Todos habían abandonado a Jesús.
Juan aparece después cerca de la cruz.
Pedro había sacado una espada, había cortado una oreja y después se había ido corriendo. Y ahora aparece algo muy puntual en la Biblia.
Marcos 16:5-7 NTV
«Cuando entraron en la tumba, vieron a un joven vestido con una túnica blanca sentado al lado derecho. Las mujeres estaban asustadas, pero el ángel les dijo: “No se alarmen. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el que fue crucificado. ¡No está aquí! ¡Ha resucitado! Miren, aquí es donde pusieron su cuerpo. Ahora vayan y cuéntenles a sus discípulos, incluido Pedro, que Jesús va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán, tal como les dijo antes de morir”».
Incluido Pedro.
¿Por qué la Biblia se encarga de recalcar esta parte?
Porque Pedro había perdido una oportunidad.
¿Quién le había dado esa oportunidad?
Jesús.
¿De parte de quién estaban hablando los ángeles?
De Jesús.
¿Y a quién le dijeron que le hablaran también?
A Pedro.
Jesús no estaba viendo el error de Pedro.
Jesús no estaba enfocado en las veces que Pedro lo negó.
Jesús no estaba enojado porque Pedro había dejado de esforzarse.
Jesús le dijo a los ángeles:
«Hablen a los discípulos y a Pedro. Avísenles que me esperen donde dije que iba a ir». ¿Y por qué?
Porque Jesús quería decirle a Pedro:
«Yo te doy una nueva oportunidad».
Jesús no estaba basado en las grandes hazañas de Pedro.
Tampoco estaba basado en sus errores.
Él estaba basado en una cosa:
«Yo te voy a restaurar».
Antes de que sucediera, Jesús ya le había dicho:
«Satanás te pidió para zarandearte, pero yo oré para que tu fe no falte».
Pedro se creía fuera de las posibilidades.
Ya no había oportunidad.
Ya el tren había pasado.
Pero Jesús no es el que te niega la oportunidad.
Es el que siempre tiene las puertas abiertas para vos y para mí.
Jairo y la mujer
Como aquella mujer que corría y daba voces:
«Señor, ayúdame».
Marcos 5:25-34
Y parecía que Jesús no respondía.
Como aquel hombre, Jairo, cuya hija había muerto y le dijeron:
«Jairo, dejate de molestar. Tu hija murió. No molestes al Maestro».
Marcos 5:21-24, 35-43
Pero Jesús no es el que te niega la oportunidad.
Es el que siempre tiene las puertas abiertas para vos y para mí.
3. UNA SITUACIÓN PUEDE DESPERTAR ALGO NEGATIVO, PERO OTRA ACCIÓN PUEDE DESPERTAR ALGO BUENO
Ahora, ¿qué pasa con nuestra mente?
Nuestra mente tiene esta forma de trabajar que muchas veces busca defendernos de futuras situaciones problemáticas.
Entonces muchas veces no está pensando en lo que Jesús y la Palabra dicen, sino que está constantemente dando vuelta en el error.
Por eso Jesús es reiterativo e insistente con Pedro y con cada uno de nosotros para que nuestra mente cambie su forma de pensar.
Porque la oportunidad estaba, solo que ninguno la estaba viendo.
Estaban pensando en lo que habían perdido, no en lo que podían ganar.
Los dos discípulos
Jesús se les aparece a dos discípulos que iban camino a Emaús.
Estaban tristes.
Habían perdido la esperanza.
Pensaban que se había terminado.
Era su oportunidad y se había terminado.
Pero Jesús empieza a explicarles que el Cristo tenía que morir y resucitar.
Y les enseñó cómo el Cristo iba a morir y resucitar para dar otra oportunidad. ¿Y en qué momento sus ojos fueron abiertos?
Cuando Jesús se queda con ellos a comer, se sienta, parte el pan y se los da.
Una situación puede despertar algo negativo en nosotros.
Pero otra acción también puede despertar algo bueno.
Así como una acción puede despertar malos recuerdos y activar mecanismos negativos en nosotros, otra acción puede despertar respuestas distintas y llenas de fe y esperanza.
¿Cuántas veces nos basamos y nos concentramos solo en lo malo que ha acontecido, pero ignoramos las señales que Dios da alrededor de nuestras situaciones para entender:
«Hey, sigo estando acá».
Jesús parte el pan.
Sus ojos son abiertos.
Y ellos dicen:
«¡Es Jesús!»
Vuelven corriendo a donde estaban los discípulos.
Y después aparece Jesús en medio de ellos.
La mente de estos discípulos, que estaba entristecida, que estaba mal, que no entendía nada, empieza a recibir señales que le pegan fuerte para cambiar su forma de ver.
Primero habían escuchado a las mujeres.
Después llegan los dos discípulos.
Y después aparece Jesús.
Jesús les dice:
«Soy yo».
Les muestra sus heridas.
Y hasta come con ellos para que entiendan que no era un fantasma.
Ellos pensaban que ya se había ido la oportunidad.
Pero la oportunidad estaba viva.
4. JESÚS VUELVE AL LUGAR QUE MARCÓ A PEDRO
Después de esto, ¿qué fueron a hacer?
Fueron a pescar.
Fueron al lago.
Y estuvieron pescando toda la noche.
¿Y qué pasó?
No pescaron nada.
Como aquella vez que Jesús apareció por primera vez a Pedro.
Una situación le marcaba la tristeza a Pedro y otra le marcaba la alegría.
Y Jesús volvió a la situación que le marcaba alegría a Pedro para que su mente se diera cuenta de que algo estaba cambiando.
Juan 21:1-14
Jesús aparece desde la orilla y les pregunta:
«Muchachos, ¿pescaron algo?»
«No».
«Tiren la red a la derecha».
Y vuelve a pasar.
La red se llena.
Pedro dice:
«¡Es el Señor!»
Y se tira al agua.
Jesús vuelve al primer momento en que ellos descubrieron a Jesús para que nuevamente digan: «Sí, es Jesús».
Y cuando llega a la orilla, Jesús estaba preparando un pescado a las brasas. «Vengan, chicos. Vamos a desayunar».
Jesús estaba ahí con ellos.
Algo habían aprendido
La primera vez las redes se rompían porque no tenían la fuerza para aguantar tantos peces. Esta vez las redes estaban reforzadas y aguantaban.
Algo habían aprendido.
Ya su mente había aprendido algo bueno.
5. JESÚS ES DETALLISTA CON PEDRO
Y entonces Jesús hace algo con Pedro.
Juan 21:15-17
Pedro, vení.
«¿Me amás?»
«¿Me amás?»
«¿Me querés?»
La clásica que decimos: una por cada vez que Pedro lo negó.
Pero no es solo eso.
Jesús le dijo tres veces para que su mente tuviera la suficiente confirmación y fuera más profundo ese camino nuevo que estaba construyendo, para que ya no siguiera creyendo que Jesús no le daba oportunidad.
Dios es detallista.
A veces pensamos que a Dios no le importa el detalle.
Pero leemos Éxodo.
Leemos Deuteronomio.
Dios es detallista.
Y a Dios le importa ser detallista con vos.
Jesús fue reiterativo e insistente con Pedro.
No estaba dejando a Pedro atrapado en su error.
Estaba trabajando en él.
Y después le dice:
«Apacienta mis corderos».
Serví al otro.
Si ese es tu amor, demostralo ayudando a tu hermano, a tu prójimo.
Para eso estamos acá.
«Te estoy restaurando, Pedro».
Pensabas que no podías servir.
Pero tenés mucho más para dar todavía.
Mucho.
Muchos años de vida te quedan para dar.
6. NO DEJES QUE EL PENSAMIENTO TE DIGA QUE SE TERMINÓ
Una de las cosas que estamos aprendiendo en esta época, en este tiempo, es que muchas de las cosas que nos pasan son por la forma en que pensamos.
No porque realmente nos pase.
No cambiamos de pensar de un día para otro.
Pero sí podemos todos los días pegarle un poquito más a la estructura que hoy nos está bloqueando. ¿Cómo?
Con la verdad de Dios.
Dios en un momento ve a la humanidad perdida, triste, desesperanzada.
Y dice en Isaías 6:8:
«¿Quién irá por nosotros?»
¿Quién va a ir?
¿Quién le va a mostrar?
¿Quién va a llevarles el camino nuevamente?
Y la respuesta de Isaías es:
«Acá estoy, yo voy».
Pero si uno lee bien el contexto, la idea que planteamos es que Isaías hace eco de esas palabras: escucha ese «acá estoy, yo voy».
Si desde hace tanto tiempo Dios tenía destinado y estaba pensando que Jesús muriera por nosotros para rescatarnos, ¿qué nos puede hacer pensar que Dios disfrutaría de una vida triste y sin propósito en sus hijos?
Jesús le dijo a Pedro:
«Apacienta mis corderos».
Avanzá.
Serví al otro.
«Te estoy restaurando, Pedro».
Tenés mucho más para dar todavía.
Muchos años de vida te quedan para dar.
No me digas que sos viejo.
No me digas que sos joven.
Poneme las excusas que quieras.
No vas a poder poner ninguna excusa.
Ya te eligió.
Ya te eligió.
Hace rato.
Y dijo sobre tu vida:
«Sos una bendición».
Fuimos escogidos
La Biblia dice que fuimos escogidos.
No porque seamos lo mejor, sino porque Él dio lo mejor por nosotros. Y por ese acto, para Él, somos lo mejor.
Entonces ya no te pienses con tus ojos.
Pensate con los ojos de Jesús.
No está nada mal que llores.
No está nada mal que te expreses y digas:
«No puedo más, Señor».
Está bien y es necesario delante de Dios.
Llorá lo que tengas que llorar.
Te acompañamos.
Y está bueno y es necesario.
Solo que Dios no piensa en que vos vivas de esa forma. Vas a pasar dificultades y momentos así.
Sí.
Es parte de lo que vamos a pasar.
Pero así como pasamos eso, también Dios nos dice:
«Yo estoy. Confíen».
Tenemos razones de sobra para confiar.
Muchas veces nos sentimos como si Dios no nos fuera a ayudar. Es un problema de acá.
El diablo ya lo ataca.
Eso es verdad.
Pero yo decido si quiero que se quede o no.
No tengo en mí el poder.
Pero en Jesús en mí tengo todo el poder.
Jesús en mí dijo que soy heredero.
Soy hijo de Dios.
Jesús en mí le puso un stop a los pensamientos de muerte del diablo.
Jesús en mí dijo:
«Basta al pensamiento de no hay oportunidad».
¿Sabés lo que nos puede decir el diablo?
«Se te acabó».
¿Y sabés lo que podemos decir nosotros?
«Hoy no se está dando, pero que no se dé hoy no significa que no se me vaya a dar».
Muchas veces lo que tenemos que hacer es decirle a nuestra mente:
«Dejá de molestar».
«Basta».
«Basta».
«Basta».
«Basta».
Porque muchas veces no es tu mente.
Son pensamientos que el diablo ha puesto tantas veces y han encontrado un lugar, han hecho mella y han calado profundo porque se agarran de las veces que no te fue bien.
A todos nos ha ido mal.
Y nos seguirá yendo mal en algunas cuestiones, al menos a nuestra forma de ver. Pero Dios está sobre todas las cosas.
Y Dios se encarga de que aun aquello que hoy pareciera malo se transforme en bendición y te ayude a cumplir el propósito que tiene para tu vida.
No dejes que el diablo te haga creer que se acabaron tus oportunidades.
Porque en Dios siempre hay una chance más.
ORACIÓN FINAL
Padre, en el nombre de Jesús, gracias por esta noche, por compartir juntos este tiempo y saber que es tu gracia.
La gracia mostró que no importa cuántas veces nos hayamos equivocado, vos seguís dándonos una oportunidad.
Gracias porque no nos dejás atrapados en nuestros errores, sino que nos restaurás y nos volvés a llamar.
Ayudanos a pensar como vos pensás, a mirarnos con tus ojos y a entender que todavía tenemos mucho para dar.
Y que nunca olvidemos que en vos siempre hay una chance más.
En el nombre de Jesús. Amén
Pastor Christian Schahab.