Cuando lo que esperamos no sucede
Dios ha dado victoria a tu vida en cada una de las cosas que emprendiste. Solo que quizás no has estado mirando de la forma en que tenías que mirar y por eso no has visto que Él ya te dio victoria.
Dicho de otra manera, esperábamos ver algo, vimos otra cosa y nos frustramos. Pero yo oré por esto y no se dio. Pero yo le pedí a Dios esto y no se dio.
Y esto nos lleva a veces a levantarnos por la mañana y pensar: ¿cuándo va a ser el día que me toque a mí?
Te levantás pensando si será hoy el día en el cual se va a dar lo que estás esperando hace tiempo.
¿Te ha pasado alguna vez levantarte casi llorando, como una persona desesperanzada, diciendo: «¿Será que me tirás un centro, Jesús? ¿Será que me toca hoy a mí?».
¿Veré algún fruto hoy del esfuerzo que estoy realizando?
Y algunos hasta llegamos a pensar muchas veces: ¿servirá para algo todo lo que estoy haciendo para el Señor?
Porque lo que esperamos ver no lo vemos como pensamos que tiene que suceder. Esperamos una llamada, un mensaje, una notificación, una novedad.
Hasta llegamos a decir: «Oro, diezmo, ofrendo, ayuno, me esfuerzo, le predico a uno, predico a otro, me levanto, voy acá, hago de todo y no estoy viendo el resultado. ¿Será que es para mí?».
La constante respuesta negativa ante las situaciones que esperamos que sucedan de una manera y luego suceden de otra nos puede llevar a pensar que nunca más se van a poder cumplir las expectativas que teníamos de parte de Dios.
1. Aparece el pensamiento: Dios no escucha
Ahora, cuando las cosas no pasan o no suceden como nosotros queremos, pensamos que Dios no responde. Empezamos con un pensamiento: Dios no me escucha.
Ese pensamiento se empieza a enganchar con otros pensamientos que traen tristeza, desánimo y desesperanza. Nos quieren llevar a sentir que no hay más para nosotros, que ya fue nuestro tiempo. Y desencadenan en uno más: Dios no me ama, porque si no me escucha, no me ama.
Si no me hace caso, si me deja ahí, si me siento como la última moneda de la alcancía que nadie quiere porque es la de cinco centavos, entonces siento que Dios no me ama.
¿Te ha pasado alguna vez que dijiste: «Dios no me ama»?
Durante este año que pasó y que está pasando, he hablado con muchísimas personas. No puedo decirte el cien por ciento porque no recuerdo el cien por ciento de las conversaciones, pero todos los que recuerdo sí te puedo asegurar que han estado con este mismo pensamiento.
Ataques fuertes que de repente vienen a tu mente para decirte: «No es para vos. No te va a responder. Dios no te ama. No vas a salir, no vas a poder pagar esto, no vas a poder pagar aquello, no vas a conseguir esto, no vas a conseguir aquello».
¿Por qué? Porque yo esperaba la respuesta de Dios para mí ayer, no mañana. Como Dios no me respondió como yo quise, entonces Dios no me respondió. Dolor, fracaso, tristeza. Esto viene a meterte el enemigo en tu mente y en tu corazón.
Fuiste atacado como con una catarata de pensamientos y emociones. También ha venido sobre tu vida ese peso, porque el enemigo ha estado atacándote y lo sigue haciendo.
Toma las mentiras para hacerte creer que no va a haber esperanza. Y si creés que no hay esperanza, no abrís tu corazón a lo que Dios puede, quiere y está haciendo en tu vida, porque lo está haciendo aunque no lo veas.
Y aunque el enemigo te siga diciendo que Dios no te escucha y que no te responde, eso es mentira. Te escuchó y está respondiendo.
2. Pablo y su respuesta en medio de la tormenta
El apóstol Pablo enfrentó algo que también nos permite entender lo que nosotros enfrentamos. Estando junto a otras 275 personas, sufrió un naufragio. En total, eran 276 personas a bordo.
Hechos 27:37 (NTV)
«En total, había 276 personas a bordo».
No merecía estar en ese lugar, pero fue llevado como un preso más. Tenía que ir a cumplir una misión que Dios le había dado. El Señor se le había aparecido para decirle que sería su testigo en Roma. Él lo aceptó, lo recibió y lo asimiló. Sin embargo, tuvo que pasar por un naufragio.
Había dado una recomendación y no le hicieron caso. Tuvo que sujetarse a las consecuencias de decisiones de otras personas que afectaron su vida.
Sin embargo, Pablo, en medio de todo esto, hizo algo que lo cambió todo.
Hechos 27:21-25 (NTV)
'Nadie había comido en mucho tiempo. Finalmente, Pablo reunió a la tripulación y le dijo: «Señores, ustedes debieran haberme escuchado al principio y no haber salido de Creta. Así se hubieran evitado todos estos daños y pérdidas. ¡Pero anímense! Ninguno de ustedes perderá la vida, aunque el barco se hundirá. Pues anoche un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien sirvo estuvo a mi lado y dijo: “¡Pablo, no temas, porque ciertamente serás juzgado ante el César! Además, Dios, en su bondad, ha concedido protección a todos los que navegan contigo”. Así que, ¡anímense! Pues yo le creo a Dios. Sucederá tal como él lo dijo, '
Pablo estaba en medio de la tormenta cuando dijo: «Yo le creo a Dios».
Las olas y el viento golpeaban la barca. Pablo también estaba siendo golpeado por las circunstancias. Pero no solamente tenía que enfrentar el agua que le pegaba en la cara. También tenía que enfrentar los pensamientos que venían a decirle: «No vas a salir de esta».
Las olas lo golpeaban y, al mismo tiempo, los pensamientos buscaban convencerlo de que no iba a sobrevivir.
Así como a Pablo le venían las olas y los pensamientos, de esa misma forma, durante este año, fuimos golpeados en nuestra mente.
Las olas que golpeaban la barca nos permiten ver cómo también nosotros enfrentamos pensamientos que vienen una y otra vez, como olas, para decirnos que no vamos a llegar, que no vamos a poder y que no hay salida.
Pablo tuvo que quedarse más tiempo después de esa palabra. Pero había aprendido, a través de los diferentes sufrimientos que enfrentó, a tomar una determinación en medio de las circunstancias.
Lo apedrearon. Y él se levantó, siguió caminando y siguió predicando. Llegó a esta situación y le pegó el agua. ¿Algo más faltaba que le pegara?
Pablo enfrentó esa y muchísimas situaciones más, pero con un espíritu distinto. Las circunstancias no pudieron limitar su respuesta ante lo que estaba pasando.
Una vez que llegó y estaba preso, Pablo escribió una carta.
Filipenses 3:1 (NTV)
«Mis amados hermanos, pase lo que pase, alégrense en el Señor. Nunca me canso de decirles estas cosas y lo hago para proteger su fe».
No lo estaba diciendo alguien a quien nunca le había pasado nada. Pablo había atravesado sufrimiento, hambre, frío, desnudez, había sido azotado y apedreado.
Y también escribió:
Filipenses 4:4 (NTV)
«Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense!».
Y en otra carta:
1 Tesalonicenses 5:16 (NTV)
«Estén siempre alegres».
Pablo tomó lo que Jesús dijo y lo vivió en su vida. Por eso pudo decirles a otros: «Estén siempre alegres».
Jesús había dicho:
Juan 14:27 (NTV)
«Les dejo un regalo: paz en la mente y en el corazón. Y la paz que yo doy es un regalo que el mundo no puede dar. Así que no se angustien ni tengan miedo».
Pablo tuvo que aprender a vivir con esta verdad, porque también le tocó sufrir angustia.
Y aunque había atravesado el naufragio, el hambre, el frío, la desnudez, los azotes y las piedras, pudo mantener esa respuesta.
No hay nada más hermoso que tener la certeza de que Dios pelea por nosotros. No hay mejor noticia para nuestras vidas que saber que, aun en medio de todas nuestras circunstancias, Dios es quien va delante nuestro y asegura la victoria.
Esa certeza tiene el poder de ser el motor que genera el gozo y la esperanza en nuestras vidas, aun cuando las olas te sigan pegando en la cara y diciéndote: «No vas a llegar ni vas a poder».
Y aun cuando te sigue diciendo: «Dios no te escucha y no te responde». Porque eso es mentira. Te escuchó y está respondiendo.
No se trata de cuán buenos podamos ser vos y yo para enfrentar las situaciones o cuán preparados estemos, sino de cuán profundamente estamos conectados con Jesús para que, pasando por las diversas situaciones, Él sea quien vaya delante nuestro.
No se trata de nuestra habilidad, se trata de su poder.
Nunca se trató de nuestra habilidad, siempre se trató de su poder.
No nos quita la responsabilidad de responder como Él nos pide. Y esto no se siente, se decide.
A través de lo que pasó, Pablo aprendió a entregar cada vez más su vida a Jesús. Y fue eso lo que produjo la capacidad de mantener gozo en su vida.
No lo mantuvo porque le fue todo bien. Lo mantuvo porque en todas las circunstancias tuvo que aprender a delegar todo a Jesús. Y ahí fue cuando su gozo no estuvo más aferrado a lo que podía pasar, sino al que había prometido algo y lo iba a cumplir.
Que las circunstancias y situaciones que están pasando a tu alrededor, y que demandan una respuesta que no se está dando como vos querés, no produzcan en tu vida el descreer de la promesa que Dios ya te hizo.
Porque si Él dijo que lo va a hacer, yo le creo.
3. Un nuevo desafío nos espera
En el 2023, Dios nos dio una palabra para el 2024 a fin de manejarnos durante ese año: Enfocados.
Esta palabra para nosotros como iglesia nos demandaba quitar distracciones y pensamientos que no nos ayudaran a permanecer caminando firmes en el camino que Dios había trazado para nuestras vidas.
Luego fuimos desafiados en el año 2025 por Expansión.
Expansión significaba poder mirar internamente, un llamado a estar reforzados de manera interna, invertir más tiempo, más recursos, más de nosotros, todo lo necesario para prepararnos a fin de que
lo que Dios tenía y tiene preparado para nosotros no se fuera, no se escapara y quedara bien contenido.
Esto dio lugar a un nuevo año, el 2026. Dios nos llamó a Conquista.
Primero quitamos los estorbos. Segundo, reforzamos las estacas. Preparamos el lugar para que lo que viniera por medio de la Conquista no se escapase.
Y este año de conquista ha sido y seguirá siendo un año de victorias.
Vas a seguir peleando, vas a seguir batallando, pero confiando en que el Señor ya dijo que sí.
Situaciones que quizás nunca habíamos creído que iban a pasar, pasaron y pueden seguir pasando. Sin embargo, el Señor nos sigue entrenando a creer y ver que no importa lo que suceda ni cuán lejos esté de nuestro dominio: Él tiene el control de todas las cosas.
El año de conquista todavía no terminó.
Dios nos llama a pelear, pero con victoria.
Dios toma a favor de nosotros todo lo que el enemigo trató de poner en contra de nosotros. Toma cada circunstancia para hacerla un ladrillo sobre el cual seguir construyendo nuestra identidad en Jesús, para que la victoria de Cristo sea real y permanente en nuestras vidas.
En todas y cada una de las circunstancias hemos visto la mano de Dios. Quizás no se da como vos querés, pero si oraste, tranquilo, tranquila. Dios lo está haciendo.
No escapamos a la realidad, a lo que pasa a nuestro alrededor, pero tenemos una promesa que sobrepasa todas las cosas. La promesa es más grande que lo que pueda decir cualquier persona.
Ahora tenemos por delante un nuevo desafío.
Hay un 2027 que está esperando por una iglesia que se despierta. Una iglesia que se levanta, que cree, que conquista, que avanza y que se mueve en pos de aquello que Dios marcó y dijo que iba a hacer.
Una iglesia que, aunque soplen fuertes los vientos y el enemigo grite fuertemente, ha decidido tomarse de la mano de Aquel que está sobre todas las cosas.
Estamos terminando el 2026, nuestro año de conquista. Dios lo prometió, se ha ido cumpliendo y aún queda tiempo para que el Señor nos siga bendiciendo.
Dios no terminó todavía. El calendario no lo rige; Él sigue haciendo cosas.
Dios dijo que sí y yo le creo.
4. 2027 Año de cosecha
Leamos juntos el Salmo 126:5-6 (NTV)
«Los que siembran con lágrimas cosecharán con gritos de alegría. Lloran al ir sembrando sus semillas, pero regresan cantando cuando traen la cosecha».
Este año que Dios nos preparó para la conquista, lo venimos caminando con lágrimas y sufriendo mucho. Hay momentos de sufrimiento y estamos aprendiendo muchas cosas.
Los que con lágrimas han sembrado.
Podrás pensar: «Pero yo no sembré».
¿Cuánto oraste por tu bendición? ¿Cuánto le pediste a Dios?
Eso es una semilla.
¿Cuánto predicaste el evangelio? Más semilla.
¿Cuánto oraste por otros? Más semilla.
¿Cuánto lo intentaste? ¿Y cuánto seguiste viniendo aun cuando se te venían en contra? Más semilla. «Pero pastor, no veo esperanza».
No ves esperanza porque el enemigo aprovechó para mentirte, pero estabas llorando mientras sembrabas.
Déjame decirte esto, familia de MDS Temperley:
El año 2027 es el año de tu cosecha.
Fuiste caminando, fuiste llorando, te fuiste esforzando, fuiste dando todo de vos y parecía que no iba a haber resultado.
Pero familia, recordá que el 2027 es el año de cosecha.
MDS Temperley, es para vos. Año 2027, año de cosecha.
Hemos sufrido este año. Sí. Se puso difícil. Sí.
Pero todo lo difícil que nos tocó atravesar Dios nos lo devuelve en gozo.
Porque cosecha no habla de que tenemos que trabajar mucho para conseguirlo. Está hablando de la alegría que va a haber en nuestros corazones porque Dios sigue respondiendo.
No podemos ser negadores de la realidad. Pero también, como hijos de Dios, tenemos mucho para poder ponernos firmes, agarrar el gozo de Jesús y la paz de Dios en nuestra mente y corazón.
Preparémonos para esto que viene para nosotros, debemos ponernos firmes y decir: «Satanás, hasta acá llegaste. Seguiremos peleando, pero Dios ya me prometió que es mía la victoria y, aunque no la vea aún, sé que viene para mi vida».
Levántate, amada mía
Hay algo que me bendijo mucho y es este pasaje que quiero compartirte.
Cantares 2:11-13 (NTV)
«Mira, el invierno se acabó y las lluvias ya pasaron. Las flores están brotando; ha llegado la temporada de los pájaros cantores, y el arrullo de las tórtolas llena el aire. Las higueras comienzan a formar su fruto, y las vides fragantes están en flor. ¡Levántate, amada mía! ¡Ven conmigo, mi bella mujer!».
Cantares, además de ser el cantar de un esposo a su esposa, Salomón con su sunamita, es el mensaje de Jesús para la iglesia. Y vos y yo somos parte de esa iglesia.
Dios no está ajeno a nuestra situación. Dios no está ajeno a lo que estamos padeciendo. «Mira, el invierno se acabó». Y las lluvias ya pasaron.
Las flores están brotando, o sea, está comenzando.
Ha llegado la temporada de los pájaros cantores y el arrullo de las tórtolas llena el aire. Las higueras comienzan a formar su fruto y las vides fragantes están en flor.
«¡Levántate, amada mía! ¡Ven conmigo, mi bella mujer!»
No se trata de lo que hiciste, sino de lo que hizo Jesús. Sos merecedor y sos merecedora. Es para vos también.
El enemigo va a querer molestarte de nuevo, va a querer mentirte de nuevo, va a querer atormentarte de nuevo.
Cuando estés pasando por dificultad vas a poder tomar el versículo de Cantares 2:11-13 y decir: «Ya pasó la lluvia».
Aunque las nubes estén dando vueltas, recordá que el viento que sopla ahora es el que limpia.
¿En qué estás decidiendo creer? ¿En lo que dijo Jesús o en lo que dice el enemigo?
¿Por qué perder tu tiempo ahí? ¿Para qué dejar que la mentira te coma la cabeza si la verdad ya está?
Tomate de la mano de Jesús, y Seguimos Juntos x Mucho más.
Pastor Christian Schahab.