Amor Apasionado

Escrito el 11/01/2026
MDS Temperley

SALISTE DE LA TUMBA, AHORA CAMINÁ

CUANDO DIOS NO LLEGA COMO ESPERAMOS

 

Hay oraciones que hicimos con fe.

Hay ayunos que hicimos con lágrimas.

Hay pedidos sinceros que parecían correctos.

 

Y aun así, Dios no llegó cuando lo esperábamos.

 

Marta y María no eran personas alejadas.

Eran amigas de Jesús.

Le abrieron su casa.

Le dieron intimidad.

 

La Biblia dice:

“Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Juan 11:5)

 

Y sin embargo, Lázaro murió.

 

Esto hay que decirlo sin maquillaje espiritual:

Amar a Jesús no te evita el dolor.

Ser fiel no te garantiza respuestas rápidas.

 

UNA FE QUE SE ANIMA A RECLAMAR

Cuando Jesús llega, Marta no canta.

No disimula.

No espiritualiza.

 

Le dice:

“Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto” (Juan 11:21)

 

Eso no es falta de fe.

Eso es fe honesta.

 

Dios no se ofende con tu reclamo.

Dios se ofende con una fe fingida.

 

EL RETRASO QUE PREPARA UNA REVELACIÓN

Jesús sabía que Lázaro estaba enfermo.

Podía haber ido antes.

Podía haberlo sanado a distancia.

 

Pero la Escritura dice:

“Cuando oyó que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba” (Juan 11:6)

 

Y la Biblia aclara algo clave:

No fue indiferencia.

Fue amor.

 

Jesús no vino solo a evitar una muerte.

Vino a revelarse.

 

Cuando habla con Marta, no promete un milagro.

Hace una declaración:

“Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25)

 

La resurrección no espera al final de los tiempos.

La resurrección ya llegó… y tiene nombre.

 

Y la vida no viene en cosas.

La vida viene en alguien que se acerca y te llama.

 

Si Jesús llegaba antes, hubiera sido un sanador más.

Llegando después, se reveló como Señor de la vida y de la muerte.

 

El retraso no fue debilidad.

Fue revelación.

 

CUANDO YA HUELE MAL

Cuando Jesús se acerca a la tumba,

Marta dice:

“Señor, ya huele mal, porque es de cuatro días” (Juan 11:39)

 

Cuatro días era sentencia definitiva.

No había expectativa.

No había esperanza.

 

Pero Jesús responde:

“¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” (Juan 11:40)

 

Donde nosotros ponemos punto final,

Dios pone una orden.

 

“Quiten la piedra” (Juan 11:39)

 

UN DIOS QUE LLORA ANTES DE ACTUAR

Antes del milagro,

Jesús llora.

 

“Jesús lloró” (Juan 11:35)

 

No lloró porque no supiera qué hacer.

Lloró porque Dios no es indiferente al dolor humano.

 

Dios no te apura.

Dios no te minimiza.

Dios te acompaña…

y después actúa.

 

LA VOZ QUE DEVUELVE LA VIDA

Jesús no gritó:

“¡Que salgan los muertos!”

 

Jesús gritó un nombre:

“¡Lázaro, ven fuera!” (Juan 11:43)

 

En la Biblia, el nombre es identidad.

 

Dios no te llama en masa.

Dios te llama por tu nombre.

(cf. Isaías 43:1)

 

Lázaro responde a la voz

antes de ver el camino.

 

Porque en el Reino,

primero se obedece la voz,

y después se caen las vendas.

 

“Mis ovejas oyen mi voz… y me siguen” (Juan 10:27)

 

Dios no te llama cuando estás libre.

Te llama para hacerte libre.

 

VIVO, PERO TODAVÍA ATADO

La Biblia dice:

“El que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas” (Juan 11:44)

 

Salió vivo,

pero atado.

 

Respirando,

pero limitado.

 

Con futuro,

pero con marcas del pasado.

 

DESATAR: EL MILAGRO INCOMPLETO

Jesús no le habla a Lázaro.

Jesús le habla a la gente.

 

“Desátenlo y déjenlo ir” (Juan 11:44)

 

Porque la resurrección es obra de Dios,

pero la libertad se vive en comunidad.

 

La tumba se abre con poder.

Las vendas se sueltan con amor.

 

“Nadie sana solo.”

“Nadie camina solo.”

 

“Sobrelleven los unos las cargas de los otros” (Gálatas 6:2)

 

UNA IGLESIA QUE DESATA, NO QUE JUZGA

Hay personas vivas en Cristo

que todavía caminan como muertas.

 

Por culpa.

Por vergüenza.

Por rótulos del pasado.

 

Jesús le dice hoy a la iglesia:

no los juzguen.

desátenlos.

acompáñenlos.

 

“Recíbanse los unos a los otros, como Cristo nos recibió” (Romanos 15:7)

 

No somos un museo de perfectos.

Somos un hospital de resucitados en proceso.

 

SALISTE DE LA TUMBA, AHORA CAMINÁ

Tal vez hoy no estabas muerto.

Tal vez ya saliste…

pero todavía estás envuelto.

 

Jesús no te dice: “Ordenate primero.”

 

Jesús te dice: “Caminá.”

 

“El justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17)

 

ORACIÓN

Señor Jesús, hoy respondo a tu voz.

Me llamaste por mi nombre y salgo de la tumba.

 

Renuncio a toda venda de culpa, a toda venda de vergüenza, y a toda palabra que me ató.

Creo que aunque no vea todo claro, si obedezco, camino.

 

Acepto el proceso, la ayuda, y el acompañamiento.

Declaro que no vuelvo atrás, no me escondo, no me arrastro.

 

Hoy camino libre, en tu amor y en tu propósito.

En el nombre de Jesús.

Amén.


Jesús resucita personas.

La iglesia desata destinos.

 

Y hoy, en este lugar,

los destinos no solo se desatan…

empiezan a caminar.

 

“El que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará” (Filipenses 1:6)

Pr. Pablo Gomelsky