Enemigos de la Conquista

Escrito el 18/01/2026
Christian Schahab

Identificando lo que se levanta contra lo que Dios ya prometió 

Durante todo el último tiempo hubo una palabra que nos acompañó, nos desafió y nos incomodó: expansión. Y expansión no fue solamente crecimiento. Fue estiramiento. Fue aprender que antes de  abarcar más, Dios muchas veces nos estira más de lo que nos gustaría. 

Hay cosas que, cuando se estiran, ya no vuelven a su forma original. Quedan preparadas para más.  Eso fue lo que Dios hizo con nosotros. No nos estiró para dañarnos, nos estiró para prepararnos. 

Porque siempre que Dios quiere llevarnos a una conquista, primero trabaja en nuestra capacidad de  sostenerla. 

La conquista no tiene que ver con pelear con personas. No es pelear con el que tenés al lado, ni con  tu familia, ni con tu historia. La conquista es pelear por lo que Dios prometió. Y toda promesa  verdadera trae resistencia. 

Por eso hoy no vamos a hablar de la promesa en sí, sino de algo clave: los enemigos de la  conquista. Aquellas cosas que se levantan para frenar lo que Dios ya decidió hacer. 

 

Antes de conquistar, hay que identificar 

Muchas veces no avanzamos porque no identificamos qué es lo que realmente nos está frenando. El  problema no es que el gigante sea tan grande; el problema es no saber contra qué estamos peleando. 

Cuando identificás al enemigo, deja de ser tan poderoso. 

Eso fue lo que entendió David frente a Goliat. Y eso es lo que necesitamos entender nosotros. No  para sentirnos más fuertes, sino para recordar quién está de nuestro lado. 

Hoy vamos a identificar dos enemigos de la conquista. No para quedar expuestos, sino para salir  del lugar de víctimas y pararnos en la posición que ya tenemos en Cristo. 

 

PUNTO 1 — La Queja: un enemigo silencioso de la conquista 

La queja es uno de los idiomas más hablados de nuestra cultura. Nos quejamos del clima, de la  economía, del trabajo, de las personas, de las oportunidades. Y muchas veces lo hacemos sin darnos  cuenta. 

El problema no es solo lo que decimos. El problema es lo que la queja produce en nosotros. 

■ La queja te quita la mirada de la promesa y la pone en la circunstancia.

Las circunstancias siempre son temporales. La promesa de Dios no. 

En Juan capítulo 5 encontramos a un hombre que llevaba treinta y ocho años esperando su milagro.  Jesús se le acerca y le hace una pregunta directa:

—¿Querés ser sano? 

La respuesta del paralítico no fue fe. Fue explicación. Fue queja. 

—No tengo a nadie que me meta en el estanque. Siempre otro llega antes que yo. 

Jesús no le preguntó por el método. No le preguntó por el sistema. Le preguntó por su deseo. Pero el  paralítico estaba tan atrapado en su lógica que no pudo ver que la solución estaba frente a él. 

■ Jesús no te pregunta por qué no llegás. Te pregunta si querés ser sano.

La queja nos deja atrapados en el “no se puede”, mientras Dios nos está diciendo: “levantate”. Y Jesús responde: 

—Levantate, tomá tu camilla y caminá. 

El milagro ocurrió cuando el paralítico dejó de explicar por qué no podía y decidió obedecer.

■ La queja no se vence hablando mejor; se vence caminando en fe. 

Cuando ese hombre se levantó y caminó, aparecieron las críticas. Porque siempre que Dios cumple  una promesa en tu vida, alguien va a opinar. 

■ El que no conoce tu proceso no tiene autoridad sobre tu testimonio. 

 

PUNTO 2 — La Desilusión: cuando Dios no actúa como  esperamos 

El segundo enemigo de la conquista aparece cuando las cosas no salen como las imaginamos. 

La desilusión no nace porque Dios no responde. Nace porque Dios no responde como nosotros  esperábamos. 

Naamán es un ejemplo claro. Un general reconocido, exitoso, respetado, pero enfermo de lepra.  Tenía una promesa de sanidad, pero también tenía una expectativa muy clara de cómo debía  suceder. 

Cuando llega a la casa del profeta Eliseo, el profeta ni siquiera sale a recibirlo. Envía un mensaje  sencillo: que se lave siete veces en el Jordán. 

Naamán se enoja. No porque no haya sanidad, sino porque no fue como él lo había imaginado. 

■ La desilusión aparece cuando quiero controlar el método de Dios. 

Naamán estuvo a punto de perder su milagro no por falta de promesa, sino por exceso de orgullo.  Hasta que decidió recapacitar y obedecer. 

Cuando se sumergió, fue sano.

Porque Dios no solo quería sanar su piel. Quería sanar su corazón. 

■ Dios no solo quiere darte la promesa; quiere que puedas sostenerla. 

Muchas veces el proceso existe para que nuestro ego muera y nuestra fe crezca. Lo que se construye  con fuerza humana se pierde fácil. Lo que Dios construye, permanece. 

■ No confundas proceso con castigo. Dios te está estirando porque quiere darte más. 

 

Tiempo de conquista 

El tiempo entre la promesa y el cumplimiento no es abandono. Es preparación. Dios nos estiró para que podamos abarcar más. Y aunque duele, aunque incomoda, vale la pena. 

Quizás hoy tu paso de fe sea volver a intentar. Quizás sea soltar la queja. Quizás sea obedecer  aunque no entiendas. 

■ No abandones en el proceso lo que Dios ya decidió cumplir. 

El 2026 no será un año cómodo, pero será un año de conquista. Habrá pelea, pero también habrá  victoria. 

Creo que Dios cumple lo que promete. Dejo atrás la queja, suelto la desilusión y avanzo hacia mi  conquista. 

Familia de MDS Temperley, Bienvenidos al año de conquista.