Aunque hoy todo parezca estéril, Dios está gestando algo mucho más grande en vos
CUANDO TODO PARECE ESTÉRIL
Hay temporadas en la vida donde uno mira alrededor
y no ve fruto.
Orás… y no pasa nada.
Esperás… y no cambia nada.
Sembrás… y no aparece nada.
Y en esos momentos, la tentación más grande
no es dejar de creer en Dios,
sino creer que Dios dejó de hacer algo.
Creemos que el silencio es ausencia.
Que la espera es abandono.
Que la esterilidad es un final.
Pero la Palabra nos muestra otra verdad.
Una de las historias que mejor revela esto
es la historia de Ana.
Una mujer que parecía estéril por fuera,
pero que estaba atravesando un proceso
donde Dios ya estaba obrando por dentro.
Y antes de hablar de Ana,
la Biblia nos deja un texto base
que no puede faltar.
DIOS ESCUCHA AUN LO QUE NO PODÉS DECIR
1 Samuel 1:9–16 (NTV)
“Cierto día, después de comer en el tabernáculo de Silo, Ana se levantó angustiada y se puso a orar al Señor. Lloraba desconsoladamente mientras hacía esta oración.
Mientras tanto, el sacerdote Elí estaba sentado en su silla junto a la entrada del tabernáculo del Señor.
Vio que Ana movía los labios, pero no oyó ningún sonido; por eso pensó que estaba ebria. —¿Tienes que venir borracha? —le reclamó—. ¡Abandona el vino!
—No es cierto, señor —respondió ella—. No he bebido vino ni nada fuerte. Estoy profundamente angustiada y estaba derramando mi corazón delante del Señor. No pienses que soy una mujer perversa; he estado orando desde la profundidad de mi angustia y mi dolor.”
Ana no estaba actuando.
No estaba exagerando.
Estaba derramando su corazón.
Y eso nos introduce al centro del mensaje.
ANA ERA ESTÉRIL, PERO NO OLVIDADA
Ana era estéril.
No podía dar a luz.
Pero su problema no era solo físico.
Era emocional.
Era social.
Era espiritual.
En su cultura, una mujer estéril:
• era señalada,
• era comparada,
• era considerada menos valiosa.
Y para colmo, convivía con Penina,
que tenía hijos
y se lo recordaba constantemente.
Pero la Biblia deja algo claro desde el inicio.
1 Samuel 1:5 (NTV)
“Pero aunque el Señor no le había dado hijos a Ana, Elcana la amaba mucho.”
Aunque no tenía hijos.
Aunque no tenía fruto visible.
Aunque no podía mostrar resultados.
El amor no se detuvo por la esterilidad.
Y esta es una verdad poderosa:
Dios no mide tu valor por lo que todavía no nace en vos.
El cielo no te olvida
aunque todavía no hayas dado fruto.
LA ESTERILIDAD DUELE, PERO NO ES SEÑAL DE AUSENCIA
Todos los años Ana subía al templo.
Y todos los años volvía con el mismo dolor.
Oraba.
Esperaba.
Y nada parecía cambiar.
Y ese es uno de los lugares más difíciles de la fe:
cuando hacés todo bien,
pero el resultado no aparece.
La esterilidad no solo duele por lo que falta,
duele por el tiempo que pasa.
Pero escuchá esto:
Que algo duela no significa que Dios no esté obrando.
Dios no evita que pases por procesos de esterilidad,
pero nunca desperdicia esos procesos
para cumplir Su obra en tu vida.
DIOS ESCUCHA AUN LO QUE NO PODÉS DECIR
Llega un momento donde Ana ya no puede más.
Y ora distinto.
No hay discurso.
No hay palabras lindas.
No hay estructura.
Solo labios que se mueven
y un corazón quebrado.
Elí la malinterpreta.
El sistema no la entiende.
La religión la juzga.
Pero Ana aclara algo clave:
1 Samuel 1:15–16 (NTV)
“Estoy profundamente angustiada… he estado derramando mi corazón delante del Señor.”
Y acá está una verdad central del mensaje:
Dios no necesita oraciones bien armadas.
Necesita corazones sinceros.
Cuando ya no te salen palabras,
Dios igual escucha.
Ana no impresionó al sacerdote.
Ana movió el cielo,
y eso terminó moviendo a Elí.
DIOS OYÓ ANTES DE QUE ELLA VIERA EL RESULTADO
Elí le dice:
“Que Dios te conceda lo que pediste.”
Y la Biblia dice algo clave:
1 Samuel 1:18 (NTV)
“Entonces ella se fue por su camino, comió algo y ya no estuvo triste.”
Nada había cambiado afuera.
Pero algo se acomodó adentro.
Después de un tiempo,
Ana quedó embarazada.
Y cuando nació su hijo,
le puso por nombre Samuel.
1 Samuel 1:20 (NTV)
“Le puso por nombre Samuel, porque dijo: ‘Se lo pedí al Señor’.”
Samuel significa: “Dios oyó”.
No dice: Dios vio.
No dice: Dios actuó.
Dice: Dios oyó.
Porque primero Dios escucha,
y luego el fruto aparece.
Antes de que Ana viera el milagro,
Dios ya había respondido.
DIOS YA PREPARÓ LA TÚNICA PARA TU PRÓXIMA TEMPORADA
La historia no termina con el milagro.
Ana cumple su promesa
y entrega a Samuel al Señor.
Y ahí aparece un detalle
que revela una verdad enorme.
1 Samuel 2:19 (NTV)
“Cada año su madre le hacía una túnica pequeña y se la llevaba cuando iba con su esposo para ofrecer el sacrificio anual.”
Cada año una túnica nueva.
Porque Samuel crecía.
Y la túnica del año anterior ya no le quedaba.
Nunca chica.
Nunca grande.
Siempre justa.
Dios nunca te lleva a una temporada
sin haber preparado antes lo que vas a necesitar para vivirla.
Tal vez hoy te sentís apretado.
Incómodo.
Como que este lugar ya no te entra.
No es que estés mal.
Es que creciste.
Y si Dios permitió el crecimiento,
Dios ya tiene lista la túnica.
LA ESTERILIDAD NO DEFINE TU FINAL
Ana pensó que su historia terminaba en esterilidad.
Pero la esterilidad fue el proceso,
no el destino.
El resultado ya estaba definido.
El desafío era atravesar el proceso
sin soltar la fe.
Y esta es la verdad que gobierna todo el mensaje:
Aunque hoy todo parezca estéril,
Dios está gestando algo mucho más grande en vos.
DECLARACIÓN FINAL DE ESPERANZA
Tal vez hoy no lo ves.
Tal vez hoy duele.
Tal vez hoy parece que no pasa nada.
Pero Dios te dice:
“Yo escuché.”
“Ya estoy trabajando.”
“Y lo que estoy gestando en vos
no termina en esta temporada.”
Porque cuando Dios oye,
Dios ya tiene una respuesta preparada.
Y lo que hoy está oculto,
mañana va a dar fruto.
Pastor Christian Schahab.
