El Plan Perfecto... o No

Escrito el 05/04/2026
Christian Schahab

Domingo de Resurrección — Pascua 2026 

 

ACTO 1 — El plan perfecto 

El diablo había desarrollado el plan perfecto… o al menos eso creía. 

 

Desde el nacimiento de Jesús, probó de una y mil maneras frustrar el plan de Dios para su vida. Lo  mandó a matar a través de Herodes (Mateo 2:13-16).  

La Biblia registra aproximadamente 30 años después que en el desierto, cuando Jesús termina su  ayuno, el diablo viene a tentarlo una vez más para apartarlo del plan de Dios (Mateo 4:1-11).  Los evangelios cuentan que en una ocasión quisieron tirarlo desde el borde de una colina (Lucas  4:29). 

 

Una y otra vez el diablo intenta matarlo…  

y si no puede, al menos desviarlo. 

 

Y una y otra vez… falla. 

 

Hasta que después de muchos intentos, empieza a tomar forma algo que parecía distinto. 

Un plan más armado. Más fino. Más peligroso. 

 

Los fariseos ya estaban exacerbados con lo que pasaba alrededor de Jesús.  Había resucitado a Lázaro (Juan 11:43-44), al hijo de una viuda (Lucas 7:14-15).  La gente lo recibía con palmas (Juan 12:12-13).  

Su nombre crecía… y ellos no lo podían permitir. 

 

Encima Jesús les pega donde más les dolía. 

 

Habían convertido la casa de Dios en un negocio…  

y Jesús los expone delante de todos: 

 

"Convirtieron la casa de mi Padre en cueva de ladrones" (Mateo 21:12-13).

Quedaron expuestos. 

 

Los debates en el templo calentaban cada vez más el ambiente (Mateo 22). 

La Pascua estaba cerca.  

El clima era tenso. Pesado. 

 

Jesús come en la casa de Simón (Juan 12:1-3).  

María lo unge con perfume. 

 

Y ahí algo se rompe. 

 

Judas empieza a incomodarse.  

No le cerraban ciertas decisiones de Jesús.  

Y esto… esto lo termina de descolocar:

un perfume que valía el salario de un año (Juan 12:4-6). 

 

La avaricia ya estaba trabajando adentro. 

 

Entonces pasa. 

Los fariseos ya habían decidido pagarle a alguien para entregarlo (Mateo 26:14-16). 

Y aparece Judas. 

 

Alguien del círculo íntimo.  

Alguien de confianza. 

 

El plan empezaba a cerrar por todos lados. 

Las piezas encajaban. 

Y llega el momento. 

 

La cena.  

El pan. El vino. 

"Esto es mi cuerpo… esta es mi sangre" (Lucas 22:19-20). 

Como diciendo: doy todo por ustedes. 

 

Judas se va (Juan 13:30).  

Jesús también. 

 

Uno va a Getsemaní (Mateo 26:36-39).  

El otro a buscar a los que lo iban a arrestar. 

 

Y se desata todo. 

 

El arresto (Mateo 26:47-50).  

La oreja cortada… y la sanidad (Lucas 22:50-51).  

El juicio injusto (Mateo 26:59-60).  

La negación (Lucas 22:61-62).  

La corona de espinas (Juan 19:2).  

La tortura. El desgaste. El ir y venir. 

 

Los fariseos cada vez más cerca de callar esa voz que los estaba dejando en evidencia.

Y el diablo… creyendo que ahora sí. 

 

La cruz.  

La exhibición.  

El cielo en tinieblas (Mateo 27:45). 

 

El pecado de todos los tiempos sobre sus hombros (Isaías 53:5). 

 

La sed (Juan 19:28).  

El grito: 

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mateo 27:46).

 

Y después… 

"Consumado es" (Juan 19:30). 

 

El infierno festejaba.  

Los fariseos respiraban.  

Los detractores descansaban. 

 

Listo. Se terminó. 

O eso pensaban. 

 

Un plan perfecto… con un final que no iba a ser final.

 

Todo cerraba como derrota. 

 

Discípulos escondidos (Juan 20:19).  

Miedo.  

Promesas que parecían caerse.  

Esperanza apagándose. 

 

Silencio. Oscuridad. 

 

ACTO 2 — Tu viernes, tu sábado 

Y seamos honestos… 

Muchos de nosotros estuvimos ahí.  

O quizás hoy estás ahí. 

 

En un lugar donde sentís que todo se cerró. 

 

Sin fe.  

Sin esperanza.  

Sin salida. 

 

Y hay una voz que te dice: 

“Ya está.  

El plan que hicieron en tu contra fue perfecto.” 

 

El médico habla… y no hay esperanza.  

Tu casa grita que no hay restauración.  

La economía te dice que no hay salida. 

 

Lo intentaste mil veces… y no funcionó.  

Y cuando parecía que levantaba… 

se vino todo abajo. 

 

Y para colmo… la piedra se cerró (Mateo 27:60).

Se terminó.

 

Pero dejame decirte algo: 

Eso que estás viviendo… tiene nombre. 

 

Y Jesús ya lo caminó. 

 

Todos queremos domingo de resurrección.  

Pero antes hay días que no se pueden saltear. 

 

Jueves de traición. 

Gente que estaba cerca… pero no tanto (Lucas 22:21-22)

Pero tranquilo… el domingo se acerca. 

 

Viernes de crucifixión. 

Expuesto. Mal interpretado. Acusado (Marcos 14:57-59 / Lucas 23:33-35). 

Pero tranquilo… falta menos. 

 

Sábado de silencio. 

El peor de todos. 

 

No pasa nada.  

Dios no habla.  

No hay señales (Lucas 23:56). 

 

Sentís que te están metiendo en una tumba…  

y que la piedra está por cerrarse para siempre. 

 

Y sí… ese día existe. 

Y quedarse ahí… también es parte del proceso. 

 

Pero escuchá esto: 

Cuando la noche está más oscura…  

es porque el amanecer está por aparecer. 

 

ACTO 3 — Hoy es Domingo 

Y entonces… llegó el domingo. 

 

Las mujeres van al sepulcro (Lucas 24:1).  

Pero algo no estaba como debía. 

 

La piedra… ya no estaba (Mateo 28:2). 

La tumba… abierta. 

 

María corre a avisar (Juan 20:2).  

Pedro y Juan corren (Juan 20:3-4). 

 

Entran. 

Y ven los lienzos… doblados (Juan 20:6-7).

 

El cuerpo no está. 

La tumba no pudo retener lo que el infierno pensó que iba a retener.

Pero lo más fuerte no fue eso. 

María se queda llorando afuera (Juan 20:11). 

Y en medio de ese momento… escucha una voz. 

Una sola palabra: 

“¡María!” (Juan 20:16) 

Y lo reconoce. 

Jesús. 

Vivo. 

Eso es lo que hace el resucitado. 

Te llama por tu nombre (Juan 10:3). 

 

No sos un caso más.  

No sos un número.  

No sos una historia perdida. 

 

Y ese Jesús… ya venció lo que vos estás enfrentando.

Por eso Pablo dice: 

"Si morimos con Cristo… también vivimos con Él" (Romanos 6:8-11).

 

Así que no te olvides: 

Cuando se arma un viernes de cruz…  

y un sábado de tumba… 

 

es porque viene domingo. 

Y hoy… es domingo. 

 

Jesús no sufrió en vano (Isaías 53:11). 

 

Lo hizo para que vos y yo podamos levantarnos. 

 

El mismo poder que lo levantó de la tumba…  

está disponible hoy (Romanos 8:11). 

 

La piedra ya fue removida.

 

La pregunta es: 

¿Vas a seguir llorando afuera…  

o vas a entrar y ver que ya no está? 

 

El plan perfecto del infierno falló. 

 

Porque nunca tuvo en cuenta algo: 

Dios siempre tiene la última palabra. 

 

Y si Dios tiene la última palabra…  

no hay tumba que pueda quedarse con tu historia.

 

Pastor Christian Schahab