Génesis 22:1-2 (NVI)
"Tiempo después, Dios probó a Abraham y le dijo:
—¡Abraham!
—Aquí estoy —respondió.
Y Dios le ordenó:
—Toma a tu hijo, el único que tienes y al que tanto amas, Isaac, y ve a la región de Moria. Una vez allí, ofrécelo como holocausto en el monte que yo te indicaré."
ISAAC NO ERA LA PROMESA
Cuando pensamos en Abraham solemos creer que Isaac era el cumplimiento de la promesa. Pero Isaac no era la promesa.
Isaac era el comienzo de la promesa.
Dios no le había prometido solamente un hijo.
Le había prometido una descendencia incontable.
Génesis 15:5 (NTV)
"Luego el Señor llevó a Abram afuera y le dijo: 'Mira al cielo y, si puedes, cuenta las estrellas'. '¡Esa es la cantidad de descendientes que tendrás!'"
Isaac era la primera evidencia.
La primera confirmación.
La señal visible de que Dios estaba haciendo lo que había prometido.
Isaac era la evidencia de la promesa, pero no la totalidad de la promesa.
Pero todavía faltaba todo lo demás.
Y muchas veces nos pasa exactamente lo mismo.
Dios nos da algo y creemos que llegamos.
Conseguís ese trabajo que tanto anhelabas.
Y pensás: "Ya está".
Pero el trabajo no era la meta.
Era el comienzo.
Ahora hay que crecer.
Ahora hay que desarrollarse.
Ahora hay que aprender.
Ahora hay que multiplicar.
Comenzás una relación.
Y parece que alcanzaste todo lo que soñabas.
Después llega el matrimonio.
Y descubrís que recién empieza una nueva etapa.
Muchas veces confundimos el inicio del cumplimiento con el cumplimiento completo. Porque lo que Dios comienza rara vez termina donde nosotros pensamos.
POR ESO DIOS PUDO PEDIR A ISAAC
Cuando Dios le pide a Abraham que entregue a Isaac, no le está pidiendo que entregue la promesa. Le está pidiendo que entregue aquello que confirmaba la promesa.
Porque la promesa seguía siendo más grande que Isaac.
Isaac era un hijo.
La promesa eran generaciones.
La promesa eran naciones.
La promesa eran reyes.
La promesa era una descendencia imposible de contar.
Isaac era una respuesta.
La promesa era una historia que todavía no había comenzado a escribirse.
Y hay algo más que llama la atención.
Cuando Abraham e Isaac suben el monte, Isaac se da cuenta de que falta el sacrificio.
Ve el fuego.
Ve la leña.
Ve el altar.
Y pregunta:
Génesis 22:7 (NVI)
"Aquí tenemos el fuego y la leña —continuó Isaac—, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?"
Isaac entendía que algo faltaba.
No era ingenuo.
Sin embargo, la Biblia no registra resistencia de su parte.
No vemos una pelea.
No vemos una huida.
No vemos una discusión.
Porque aquello que Dios había dado para confirmar la promesa no iba a levantarse contra la promesa misma.
Lo que nació por una palabra de Dios no puede destruir la palabra que lo hizo nacer.
Lo que Dios había comenzado seguía estando bajo el control de Dios.
Y eso también es para nosotros.
Lo que Dios te dio para confirmar Su palabra nunca será más grande que la palabra que Él habló. Abraham veía un hijo.
Dios veía generaciones.
Abraham veía el presente.
Dios veía el para siempre.
DIOS VE MÁS LEJOS QUE NOSOTROS
El problema es que nosotros solemos interpretar toda nuestra vida por lo que está pasando ahora. Si algo sale bien, creemos que llegamos.
Si algo sale mal, creemos que terminó.
Pero Dios nunca mira solamente el momento.
Isaías 55:8-9 (NVI)
"Porque mis pensamientos no son los de ustedes, ni sus caminos son los míos —afirma el Señor—. Mis caminos y mis pensamientos son más altos que los de ustedes; ¡más altos que los cielos sobre la tierra!"
Nosotros vemos una temporada.
Dios ve el propósito.
Nosotros vemos un capítulo.
Dios ve toda la historia.
Nosotros vemos una prueba.
Dios ve el resultado final.
Nosotros vemos el momento.
Dios ve el para siempre.
Por eso encontramos tantas veces esa expresión en las Escrituras.
Dios habla en términos de generaciones.
Dios habla en términos de eternidad.
Dios habla en términos de "para siempre".
Salmo 136:1 (NVI)
"Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre." Y a lo largo de todo el Salmo se repite una y otra vez:
"Porque para siempre es su misericordia."
Nosotros hablamos de la semana que viene.
Dios habla de generaciones.
Nosotros hablamos de una temporada.
Dios habla de eternidad.
Por eso hay momentos en los que sentimos que todo se cayó.
Que Dios se olvidó.
Que era una ilusión.
Que escuchamos mal.
Pero Dios sigue viendo aquello que habló.
Sigue viendo aquello que prometió.
Sigue viendo aquello que comenzó.
SEGUÍ MIRANDO LA META
Filipenses 3:13-14 (NVI)
"Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús."
Pablo entendía que no podía vivir mirando solamente el momento.
Cuando leemos la Biblia parece que Pablo se encontró con Jesús y al día siguiente estaba predicando por todo el mundo conocido.
Pero entre ese encuentro y su primer viaje misionero pasaron más de doce años. Y no era cualquiera. Era el más instruido, el más capacitado, el mejor formado de su época. Y aun así, ese encuentro no era el final.
Era su Isaac.
Era el comienzo de algo que todavía no podía ver completo.
Por eso podía escribir: "olvidando lo que queda atrás, sigo avanzando hacia la meta." Porque entendía que lo que Dios había comenzado en él todavía no había terminado.
La meta estaba adelante.
El propósito estaba adelante.
Lo que Dios había preparado estaba adelante.
Por eso seguía caminando.
Por eso seguía avanzando.
Por eso seguía creyendo.
Quizás hoy estás atravesando una prueba.
Quizás Dios te está pidiendo confiar cuando no entendés.
Quizás pensaste que aquello que recibiste era todo lo que Dios tenía para vos. Pero Dios siempre ve más lejos.
Isaac no era el final.
Era el comienzo.
Y tal vez eso que hoy tenés en tus manos tampoco es el final de la historia.
Tal vez es apenas el inicio de algo mucho más grande.
No confundas una evidencia con la totalidad de la promesa.
No confundas una etapa con el destino.
No confundas una prueba con el final.
Dios sigue obrando.
Dios sigue guiando.
Dios sigue cumpliendo lo que habló.
Y aunque hoy no entiendas todo lo que está pasando, recordá esto:
Acá no termina.
Porque Dios sigue escribiendo la historia.
Pastor Christian Schahab
