Salmos 56:9-13 (NBLA)
"Entonces mis enemigos retrocederán el día en que yo te invoque. Esto sé: que Dios está a favor mío. En Dios, cuya palabra alabo, en el Señor, cuya palabra honro; en Dios he confiado, no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre? Están sobre mí, oh Dios, los votos que te hice; ofrendas de acción de gracias te ofreceré. Pues Tú has librado mi alma de la muerte, y mis pies de tropiezo, para que yo pueda andar delante de Dios en la luz de la vida."
Un enemigo limita nuestra movilidad.
El objetivo del enemigo no siempre es destruirnos inmediatamente.
Muchas veces intenta detenernos.
Frenar nuestro avance.
Frenar nuestro crecimiento.
Frenar nuestro propósito.
Frenar aquello que Dios quiere hacer en nosotros.
Porque si logra detener nuestra movilidad, logra frenar nuestro avance.
El otro día estuve hablando con algunos de ustedes.
Uno me decía:
"Pastor, hace días que estoy con gripe, malestar estomacal y me siento raro." Después hablé con otra persona.
Y estaba pasando algo parecido.
Y después con otra.
Y con otra.
Y empecé a pensar que muchas veces, cuando damos pasos hacia adelante, comenzamos a experimentar resistencias que antes no estaban.
No siempre se manifiestan de la misma manera.
A veces es cansancio.
A veces son complicaciones laborales.
A veces son discusiones en casa.
A veces son malentendidos.
A veces son cambios repentinos de ánimo.
A veces son situaciones que parecen pequeñas por separado, pero juntas terminan frenando nuestro avance.
Y esto se vuelve aún más evidente cuando alguien decide dar un paso más con Dios. Cuando empieza a servir.
Cuando empieza a involucrarse.
Cuando comienza a crecer.
Cuando decide comprometerse con el propósito de Dios.
Muchas veces aparecen resistencias que antes no estaban.
Y entonces surge una pregunta:
¿Qué está pasando?
Porque el objetivo del enemigo no siempre es destruirnos inmediatamente.
Muchas veces intenta detenernos.
Frenar nuestro crecimiento.
Frenar nuestro avance.
Frenar aquello que Dios quiere hacer en nosotros.
Y eso no es algo nuevo.
David experimentó exactamente algo parecido.
David había sido ungido.
David había sido elegido.
Pero David todavía no había sido establecido.
La promesa estaba sobre su vida.
Pero todavía no estaba sentado en el trono.
Y justamente en ese proceso comenzó a enfrentar oposición.
EL CONTEXTO DEL SALMO
Para entender este Salmo tenemos que entender el momento que estaba viviendo David.
Y una de las cosas que vemos es que el enemigo muchas veces utiliza las mismas estrategias una y otra vez.
Saúl comenzó a actuar gobernado por el temor.
1 Samuel 15:24
"He pecado... porque temí al pueblo y escuché su voz."
Saúl comenzó a tomar decisiones incorrectas porque permitió que el temor gobernara su vida. Y ese temor terminó afectando todo lo que lo rodeaba.
Hasta llevarlo a perseguir a David.
Ahora David se encuentra enfrentando la persecución de Saúl.
Y en medio de esa presión toma una mala decisión.
Corre hacia Gat.
Busca refugio en Aquis.
Un rey filisteo.
Un enemigo.
David busca protección en el lugar equivocado.
Y termina atrapado por aquello mismo a lo que había corrido buscando ayuda. Después Dios lo libra.
Y es desde esa experiencia que David escribe el Salmo 56.
Por eso cuando dice:
"Has librado mis pies de tropiezo."
No está hablando de una teoría.
Está hablando de una experiencia.
David entendió que algo había intentado detener su caminar.
UNA PREGUNTA IMPORTANTE
Si un enemigo limita nuestra movilidad:
¿Por qué Dios permite resistencia?
¿Por qué permite oposición?
¿Por qué permite batallas?
DIOS NOS ENSEÑA A PELEAR
Jueces 3:1-2
"Estas son las naciones que el Señor dejó para probar con ellas a Israel, es decir, a todos los que no habían experimentado ninguna de las guerras de Canaán. Esto fue solo para que las generaciones de los israelitas conocieran la guerra, enseñándoles a pelear, especialmente a los que antes no la habían experimentado."
Dios no había abandonado a Israel.
Dios no había olvidado a Israel.
Dios estaba formando a Israel.
Había cosas que solamente podían aprenderse en medio de la batalla.
Por eso la resistencia desarrolla:
Fe.
Dependencia.
Perseverancia.
Obediencia.
El enemigo quiere destruir.
Pero Dios utiliza la batalla para formar.
LA BATALLA ES MÁS PROFUNDA DE LO QUE PARECE
Efesios 6:12 (NVI)
"Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales."
Muchas veces vemos solamente lo visible.
Pero Pablo nos recuerda que existe una batalla espiritual.
Por eso no podemos pelear de cualquier manera.
Tenemos que aprender a pelear correctamente.
¿CÓMO PELEAMOS?
1. RECONOCE A TU ENEMIGO
Salmos 56:9
"Esto sé: que Dios está a favor mío."
David llegó a reconocer que había algo intentando detener su caminar.
Y antes de pelear correctamente tuvo que identificar qué estaba enfrentando. Muchas veces queremos vencer algo que nunca nombramos.
Y no podemos vencer aquello que no reconocemos.
Preguntate:
¿Qué está limitando tu movilidad?
¿Qué área de tu vida dejó de avanzar?
¿Qué patrón sigue apareciendo una y otra vez?
Porque los enemigos no siempre tienen la misma forma.
Para algunos puede ser el temor.
Para otros la ansiedad.
Para otros la ofensa.
Para otros el orgullo.
Para otros la ira.
Para otros el afán.
Para otros la inmoralidad.
Para otros una adicción.
Para otros una mentalidad de pobreza.
Para otros la comparación.
Para otros la dependencia emocional.
Para otros hábitos destructivos que siguen apareciendo una y otra vez.
Muchas veces intentamos corregir comportamientos sin identificar la raíz.
Y mientras no identifiquemos correctamente al enemigo seguiremos peleando la batalla equivocada. No podés vencer aquello que te negás a reconocer.
La libertad comienza cuando dejamos de justificar y empezamos a identificar.
2. PIDE AYUDA A DIOS EN ORACIÓN
Salmos 56:9
"Entonces mis enemigos retrocederán el día en que yo te invoque."
David entendió que no iba a vencer esta batalla por sus propias fuerzas.
Invocó a Dios.
Antes de reaccionar: ora.
Antes de rendirte: ora.
Antes de buscar soluciones en todos lados: ora.
La oración no es el último recurso.
Es la primera respuesta.
3. USA LA PALABRA DE DIOS PARA RESPONDER AL ENEMIGO
Salmos 56:10-11
"En Dios, cuya palabra alabo, en el Señor, cuya palabra honro; en Dios he confiado, no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre?"
David encontró estabilidad en la Palabra de Dios.
Jesús hizo exactamente lo mismo cuando fue tentado.
Respondió:
"Escrito está."
La Palabra no es solamente información.
La Palabra es un arma.
No peleamos desde nuestras emociones.
Peleamos desde la verdad de Dios.
4. VENCE AL ENEMIGO CON ESTRATEGIA
Muchos reconocen.
Muchos oran.
Muchos conocen la Palabra.
Pero nunca desarrollan una estrategia.
David enfrentó a Goliat con una estrategia.
Y salió de Gat con otra.
Dios no entrega estrategias genéricas.
Entrega estrategias específicas.
Hay batallas que requieren decisiones concretas.
Cambios concretos.
Pasos concretos.
La oración rompe fortalezas espirituales.
Pero también necesitamos obedecer lo que Dios nos muestra para caminar en libertad.
La oración rompe el poder espiritual del enemigo.
Pero nuevos hábitos rompen los patrones destructivos de nuestra vida.
Y mientras David atravesaba todo ese proceso, descubrió algo. Dios estaba a favor suyo.
No solamente cuando todo salía bien.
También cuando fue perseguido.
También cuando tuvo miedo.
También cuando tropezó.
Porque así es nuestro Padre.
Un Padre que da seguridad.
Un Padre que te recuerda:
"No estás solo. Yo voy con vos."
Un Padre que no abandona a sus hijos en medio de la batalla. Y aún más que eso.
Un Padre que toma las mismas cosas que intentaron detenerte... Para formarte.
Para mostrar Su gloria.
Para llevar tu vida a un nivel más profundo de fe, de dependencia y de propósito. Vamos, dale un aplauso fuerte a nuestro Padre.
A Aquel que no te abandona.
A Aquel que pelea con vos en cada batalla.
A Aquel que sigue estando a tu favor.
¿Cuántos quieren experimentar más de ese Padre?
¡Digan amén!
Pastor Christian Schahab
