Juan 15:1-2 — NTV
“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Él corta de mí toda rama que no produce fruto y poda las ramas que sí dan fruto, para que den aún más.”
¿Viste cuando te pasa en la vida que venís con algo que viene marchando y caminando y decís: “Wow, voy sobre ruedas”?
Venís con todo y, de repente, se te pincha.
Los que van al gimnasio saben que de repente venís bien hasta que te lesionás. Arrancás con toda la energía, te sentís mejor, más enérgico, y de repente algo pasa.
A mí me pasó. Había metido seis días de siete y estaba recontento:
“Qué bueno que me estoy dando en el gimnasio. La semana que viene vengo cinco días nomás.” Y me lesioné.
Tengo además un personal trainer demasiado personal: mi hijo Mike. Se me pone al lado y me dice: “Está mal hecho. Hacelo bien.”
Y uno piensa: “¿Cómo puede ser que venía tan bien y de repente me pasó esto?” Pero sacando el gimnasio, ¿no te pasa también en la vida?
Venís bien y, de repente, algo empieza a fallar.
Como cuando vas tranquilo en la ruta y de repente aparece una tormenta, barro, no funciona el freno.
A nosotros nos pasó también volviendo de vacaciones. Veníamos tranquilos y agarré una cuneta muy pronunciada. Se me soltó el cable del embrague y tuve que llevar el auto en segunda durante varias cuadras. Venía hermoso y, de repente, algo pasó.
Y quizás esto también te pasó en tu vida.
Venís en oración, en comunión con Dios, venís creciendo y, de repente, aparece algo que empieza a tirarte todo abajo.
Pensás:
“¿Cómo puede ser? Yo no estaba así.”
Habías vencido la depresión, el desánimo, habías vencido un montón de cuestiones, pero de repente empezás a bajar.
Tiempos de crecimiento y, de repente, te sentís en una meseta. Como si estuvieras estancado.
Y muchas veces, por la misma emoción negativa de darnos cuenta de que no estamos como antes, empezamos una espiral decreciente.
Te bajoneás más.
Yo venía todos los domingos, cantaba, saltaba, ofrendaba, diezmaba, hasta amaba a todos. Y de repente ya me empezó a caer mal el que estaba en la puerta.
Algo empieza a pasar.
Y empezás a preguntarte:
“¿Qué está pasando con mi vida?”
Yo tuve una época muy fuerte así. Me sentía muy mal con Dios y decía:
“¿Cómo puede ser? Si yo estaba orando, estaba sirviendo, estaba buscando a Dios… ¿por qué me siento tan apagado?”
Hasta que alguien compartió conmigo una palabra que se encuentra en Juan 15.
1. NO TE ESTÁ CORTANDO, TE ESTÁ PODANDO
Juan 15:1-2 dice:
“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Él corta de mí toda rama que no produce fruto y poda las ramas que sí dan fruto, para que den aún más.”
Jesús utiliza una imagen que quienes lo escuchaban conocían perfectamente: la vid. Y dice:
“Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador.”
El labrador sabe qué hacer con cada rama.
Hay ramas que no producen fruto y deben ser cortadas.
Pero hay ramas que sí producen fruto y esas también son podadas.
¿Por qué?
Para que den aún más.
Y acá hay algo fundamental:
La diferencia entre cortar y podar
La acción puede parecer similar: en los dos casos hay algo que se corta.
Pero el propósito es diferente.
El que poda, el labrador, no solamente sabe qué cortar. Sabe cómo cortarlo.
Muchas veces yo pensé que Dios me estaba cortando.
Y sí, estaba cortando.
Pero no me estaba cortando a mí.
Estaba cortando cosas de mí.
Se sentía exactamente igual, pero el propósito era distinto.
Muchas veces no entendemos por qué, si veníamos bien, de repente empezamos a pasar por algo difícil.
Venís caminando con todo y, de repente, te das cuenta de que no estás rindiendo como antes.
Quizás es porque Dios está trabajando para que, como ya hubo un primer fruto, vos puedas seguir dando más fruto.
El que poda no se encarga solamente de sacar ramas feas.
A veces corta cosas buenas.
Ramas verdes.
Cosas que están funcionando.
Cosas que nosotros consideramos buenas.
¿Y por qué las corta?
Porque está trabajando para que después haya mejor fruto.
Eso fue lo que entendí en aquel momento de mi vida en el que me sentía tan mal y tan desilusionado con mi crecimiento.
Entendí que Dios estaba trabajando en mí porque quería hacer algo mejor de mi vida. Yo podía mirar y decir:
“Por la gracia de Dios, había dado un fruto bueno. ¡Qué bueno, qué bendición!” Y Dios decir:
“Perfecto. Pero tenés que dar mejor fruto todavía.”
Porque tengo mejores planes para vos.
2. EL FRUTO NO ES PARA VOS
Ahora mirá esto en particular.
Una planta no come de su propio fruto.
Las plantas se alimentan del agua y de los nutrientes de la tierra. Y eso hace que produzcan fruto. Pero el manzano no se come la manzana.
Se sigue nutriendo de la fuente.
Y si la planta no come de su fruto, ¿el fruto para quién es?
Una planta no da fruto para sí. Da fruto para otros.
Y esto me vuelve la cabeza.
Quizás yo estoy encerrado en el fruto que estoy dando y no estoy conectado a la fuente que quiere que siga dando fruto.
Porque el fruto no es para mí, sino para otros.
No vengo a traerte una gran revelación esta mañana. Vengo a invitarte a que juntos pensemos.
Si hoy estamos pasando por una dificultad que no estaba en los planes, si hay algo que empezó a hacernos bajar un poco la velocidad, quizás sea porque Dios está queriendo que primeramente demos mejor fruto, pero también que volvamos a la fuente para dar un fruto más fuerte y mejor.
Probablemente las circunstancias que estés atravesando en tu vida, y si me toca compartir esta palabra hoy con vos, sea por esto.
No es porque pecaste o dejaste de pecar.
No es porque sos bueno o malo.
No es por lo bueno o lo malo que hayas hecho.
Es porque Dios necesita podarte para que des un fruto más fuerte, más resistente, más consistente.
Para que vuelvas a alimentarte de donde están los nutrientes, de donde está todo lo que necesitás, y así puedas ir a bendecir a otra persona también.
Porque lo que Dios puso en vos no es para vos.
Es un regalo para otro.
Probablemente lo que está pasando en nuestras vidas no es que Dios nos pinchó el globo en el que estábamos subidos.
Es que dijo:
“Perfecto. Necesito que esto no sea un globo, que sea una copa de árbol cada vez más alta.”
Porque el globo se cae; la copa no.
Entonces, lo que necesitamos entender —y yo me incluyo en esto— es que Dios está trabajando profundamente en nuestro corazón para que aquellas cosas buenas que estaban, incluso aquellas cosas buenas que a veces Dios nos quita, sirvan para traer mejor fruto más adelante.
Dios no está concentrado en tu temporada actual.
Él te ve dando mucho fruto.
No está viendo solamente lo que vos y yo estamos pasando ahora.
Un guionista no se enfoca únicamente en la escena actual. Trabaja en lo que pasa hoy para que lo que viene al final sea lo que estaba esperando.
Y por eso quiero compartirte algo.
Buscá Jeremías 29:11.
“Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza.”
Muy probablemente lo que está pasando hoy en tu vida, y que no coincide con los planes que vos tenías o con lo que pensabas que tenía que pasar, sea porque Dios tiene planes mejores.
Pero para eso hay que volver a la fuente.
Un árbol, una planta, no come de su propio fruto. Se tiene que alimentar del agua y de los nutrientes que la tierra le da.
Y Jesús dice en Juan 15:5:
“Yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí, y yo en ellos, producirán mucho fruto; porque separados de mí no pueden hacer nada.”
Entonces, ¿qué nos está queriendo decir hoy la Palabra?
Dios está trabajando en tu vida porque tiene mejores planes para vos.
Aun lo bueno que estabas viviendo no se va a comparar con lo que viene por delante. Porque Él tiene mejores planes para vos.
Y muchas personas terminan atrapadas en depresión, en angustia o en tristeza porque no pueden salir de un ciclo interno en el cual solamente ven las cosas difíciles que están viviendo.
Una persona que está atrapada en la depresión o en la tristeza puede quedar capturada por un pensamiento recurrente:
“No voy a poder.”
“Esto es todo para mi vida.”
“Lo bueno que tuve no vuelve.”
“Aunque me esfuerce, no lo voy a poder conseguir.”
Y es verdad: las pérdidas son reales, las dificultades son reales, y muchas veces uno no elige quién lo traiciona, quién le dice algo que lo puede lastimar o en qué situación se encuentra.
Pero Dios te sigue diciendo:
“Yo tengo planes para vos.”
Y me gusta cómo termina esta versión:
“Para darles un futuro y una esperanza.”
Porque la persona que está atrapada en depresión no ve un futuro.
Pero también, al encerrarse en uno mismo, no nos enfocamos en compartir lo que tenemos. No nos enfocamos en dar a otros lo que Dios ya nos dio.
“No tengo nada, pastor.”
¿Cómo que no tenés nada?
“No tengo nada. Soy un gusano.”
No.
¡No sos gusano! Sos hijo de Dios.
“No tengo nada para dar.”
Pará.
Eso es lo que sentís. Eso es lo que quizás estás pasando dentro tuyo.
Pero Dios te dice:
“Yo te puse con un propósito.”
“No, pero antes daba fruto.”
No es antes.
Vos siempre vas a dar fruto.
El justo florecerá.
Salmo 92:12 dice:
“Pero los justos florecerán como palmeras y se harán fuertes como los cedros del Líbano.”
Y Salmo 1:3 dice:
“Son como árboles plantados a la orilla de un río, que siempre dan fruto en su tiempo. Sus hojas nunca se marchitan, y prosperan en todo lo que hacen.”
La Biblia habla mucho del fruto porque nos quiere hacer entender que Dios puso mucho en nosotros para dar.
Y me podrás decir:
“No tengo nada.”
Yo quiero decirte:
No estás viendo lo que tenés, pero tenés mucho para dar.
Quizás alguien te dijo que no servís.
Que te diga lo que quiera, quien sea.
Vos sos útil en las manos de Dios.
Tu valor no reside en lo que diga quien está al lado tuyo.
Tu valor está en lo que Dios dijo de vos.
Y eso es más fuerte que todo lo demás.
Entonces, ¿qué pasa?
Muchas veces, cuando alguien está encerrado en la depresión, el problema es que al no salir de ese círculo en el cual piensa que no puede dar, no da.
Y cuando vos no das lo que tenés, te enterrás más en vos mismo.
3. DIOS ESTÁ TRABAJANDO AUNQUE NO LO VEAS
Cuando Dios quiere hacer algo con alguien, lo primero que pasa es que empiezan los problemas. Yo no podría decirte:
“Vení a la iglesia que todo va a estar bien.”
Probablemente empieces bien, pero después se te van a levantar cosas en contra. Está dentro de lo esperado.
Es normal que cuando más te quieras aferrar al Señor, más se te complique.
Cambio de horario de trabajo.
Problemas con el tren, el subte o el colectivo.
Te quedás sin nafta.
Te quedás sin batería a mitad de camino.
Y decís:
“¿Pero iba a la iglesia?”
Sí.
¿Y qué tiene que ver?
Te va a pasar de todo.
Pero lo importante es mantenerte firme, sabiendo que Dios no te va a dejar.
Mantenernos firmes es estar confiados en que, cualquiera sea la circunstancia que estemos enfrentando, Dios ya tiene la respuesta, aunque hoy no la estemos viendo.
Porque Dios no está concentrado únicamente en lo que estamos pasando ahora. Él tiene un final para nosotros mucho más grande de lo que nosotros podemos imaginar. Muchas veces el final que vos ves no es el que Dios tiene.
Pero el que Dios tiene es mucho más grande que el que vos estás viendo.
Hoy quizás no lo podés ver.
Hoy quizás no podés disfrutarlo.
Hoy quizás no podés entenderlo.
Pero si Dios nos comparte esta palabra es para que la fe se renueve en nosotros. Para que entendamos que no se olvidó de nuestras vidas.
Que Él no nos dejó a nuestra suerte.
Dios no es así.
Él siempre tiene dispuesto el oído al clamor de su pueblo.
Hebreos 4:16 dice:
“Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos.”
Si vos y yo buscamos sinceramente a Dios y nos acercamos a Él, vamos a poder encontrar la ayuda, el oportuno socorro.
Dios nunca deja sin respuesta a sus hijos.
4. VOLVÉ A LA FUENTE Y SEGUÍ DANDO
Volvé a la fuente
Quiero cerrar con esto.
No voy a traerte quizás una revelación profunda, pero sí una palabra clara:
Dios tiene preparado un futuro y una esperanza para vos.
Dios no tiene cosas malas para vos.
Dios tiene lo mejor para tu vida.
Lo que estás pasando hoy es porque está trabajando eso en tu corazón y en mi corazón para que demos un mejor fruto.
Pero no hay que abandonar nuestra raíz.
No hay que dejar de buscar a Dios.
“Pastor, oro y no veo respuesta.”
Seguí orando.
“¿Ya hubo respuesta?”
Quizás no la viste.
Pero Dios ya tiene el plan.
Todos conocemos, o la mayoría, la historia de Daniel.
Daniel estuvo orando, ayunando y clamando a Dios durante 21 días por una respuesta. Y estuvo 21 días esperando una respuesta que no llegaba.
Y cuando llega la respuesta, le dice que desde el primer día que se dispuso delante de Dios, su oración había sido escuchada.
Daniel 10:12-13 dice:
“No tengas miedo, Daniel —me dijo—. Desde el primer día que comenzaste a orar para comprender y a humillarte delante de tu Dios, tu petición fue escuchada en el cielo. Yo he venido en respuesta a tu oración. Pero durante veintiún días el espíritu príncipe del reino de Persia me bloqueó el paso. Entonces vino a ayudarme Miguel, uno de los arcángeles, y lo dejé allí con el espíritu príncipe del reino de Persia.”
Dios te sigue escuchando todos los días cuando orás.
No es que no te responde.
Está trabajando en vos y en mí porque la respuesta es mucho más grande de lo que vos podés pedir o entender.
Dios ya tiene la respuesta para nuestras vidas.
Dios prometió algo y, si Dios promete, Dios cumple.
Sus tiempos no son los nuestros.
Nuestra ansiedad cuesta, carcome, corroe e interrumpe nuestra paz.
Pero si vamos a Él y echamos nuestra ansiedad sobre sus pies, Él tiene siempre ayuda para nosotros.
1 Pedro 5:7 dice:
“Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes.”
No te estoy invitando a creer que no vas a sufrir.
Vas a sufrir injusticias porque estamos en un mundo injusto y las vamos a padecer igual.
Te estoy invitando a que te agarres fuerte del Señor y digas:
“No sé qué está pasando, pero tengo algo claro: no me vas a dejar acá tirado.”
Dale a otros lo que Dios puso en vos
Muchas veces escuchamos teoría sobre lo que nos pasa, pero falta la parte práctica.
“Todo es muy lindo, pastor, lo que me decís. ¿Y ahora cómo hago para salir de esto?”
Primero: oración y lectura bíblica.
“Me cuesta mucho leer.”
Agarrá la Biblia.
Tenés un montón de aplicaciones. Poné play y escuchá.
Si tenés que manejar todo el día, poné play y escuchá la Biblia.
No te digo que agarres cincuenta prédicas.
Agarrá la Biblia.
Buscá un hilo.
Por eso los martes tenemos la Palabra disponible en la aplicación, para que la escuches, para que la leas, para que la sigas de vuelta.
Agarrá un hilo y buscá en la Biblia.
Orá.
Pedile a Dios que te hable.
Buscá un versículo.
Anotá.
Segundo: buscá hacer algo por alguien.
“Pastor, no tengo plata.”
Pedro tampoco tenía plata.
Hechos 3:6 dice:
“No tengo plata ni oro para ti, pero te daré lo que tengo. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y camina!”
¿Quién dijo que hace falta dinero para hacer algo por otra persona?
Cuando vos le sonreís al panadero, al que te atiende en la panadería, al que trabaja en el kiosco, estás haciendo algo que muy pocas personas hacen.
Cuando volvés y decís “buen día” y “gracias” a alguien, hacés cosas que muchos no hacen.
Y ese “buen día” y ese “gracias” te da una pequeña ventana para poder decirle:
“Dios te bendiga. Dios te ama.”
Hacé algo por alguien y pedile al Señor:
“Señor, ¿qué puedo hacer hoy?”
Ayer estuvimos dando vueltas por Lomas.
Yo no uso efectivo. No tenía efectivo.
Y cuando vas por Lomas siempre tenés que darle algo a alguien.
Ayer tenía $200.
Dije:
“Bueno, tomá.”
“Gracias, Dios te bendiga.”
Y lejos de la cara larga que yo esperaba, me dijo:
“Gracias, gracias, Dios te bendiga.”
Yo no tenía nada.
Pero igual, tuviera más o menos, siempre voy a decir:
“Dios te bendiga.”
Y se fue contento.
Ahora, ¿quién se fue más contento?
Yo.
Porque Dios me volvió a demostrar:
Nunca se trató de tus posibilidades.
Yo siempre estuve. El que hace ahora soy Yo.
Entonces, si en cosas mínimas vemos que Dios hace la obra, ¿cómo en cosas grandes no lo vamos a ver?
No permitamos que nuestra fe por los demás sea más grande que nuestra fe por nosotros.
A veces creemos que Dios puede hacer más por otro que por nosotros.
Orás por un enfermo, pero no creés que Dios también puede sanar tu vida.
Dios puede sanar al otro y a vos también.
Pero mientras pasa, yo sigo buscando bendecir a Dios.
Porque lo que me va a alimentar, lo que me va a sostener, lo que me va a fortalecer, va a ser dar, poco o mucho, pero dar lo que Dios puso en mí.
Orando.
Leyendo.
Y así como busco y me alimento de la fuente, voy a dar.
El fruto puede aparecer cuando menos lo esperás
De acá cinco meses vamos a volver a hablar y me vas a decir:
“Pastor, ¿te acordás ese domingo que hablaste de esto?”
Y quizás puedas decir:
“No te puedo explicar el fruto que estoy viendo ahora.”
¿Cinco meses te parece mucho?
Hay cosas que cambian en horas.
Preguntale al que estaba cuidando la puerta del sepulcro de Jesús.
En un momento estaba cuidando una tumba y, de repente, algo pasó y ya no estaba más. Preguntale a la viuda de Naín.
Venía llorando con el cajón de su hijo.
Lucas 7:14-15 dice:
“Entonces se acercó al ataúd y lo tocó. Los que lo llevaban se detuvieron. ‘Joven —dijo Jesús—, te digo, ¡levántate!’. Entonces el joven muerto se incorporó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.”
Preguntale a la viuda de Sarepta.
Cuando Elías fue, ella dijo que tenía lo último para hacer una tortilla y después morir. Pero Dios intervino.
Una decisión.
Un minuto.
Un segundo.
Puede ser suficiente para que Dios cambie una historia.
Dios puede hacerlo y Dios lo va a hacer.
Así que aunque hoy no entiendas lo que está pasando, aunque hoy no veas el fruto, seguí aferrado a la fuente.
Porque lo que Dios puso en vos no es solamente para vos.
Es un regalo para otro.
Amén.
Pastor Christian Schahab
