Gozo, el arma que desarma.

Escrito el 17/08/2026
Christian Schahab

¿En qué momento dejamos de jugar? 

Nehemías 8:10 · Salmos 126:5 (NTV) · Eclesiastés 4:6 (NVI) 

 

¿En qué momento perdemos el gozo? 
¿En qué momento dejamos de jugar? 

Cuando somos niños, en nuestro corazón hay una sola cosa: queremos jugar, pasarla bien con otros,  volver a casa a comer rico y dormir. 

Si había posibilidades de jugar al fútbol en la calle, salíamos.
Nos tirábamos en el piso, queríamos  saltar, hacer una chilena, hacernos los Oliver Atom, los hermanos Tachibana.
No importaba.  Queríamos salir, jugar y disfrutar. 

No nos importaba comer, no nos importaba nada.
Solamente queríamos salir, jugar, divertirnos y a  lo último, cuando ya no se podía más, que nos llamaran: 

—Vamos a comer. 

—¡No! Cinco minutos más. 

Pero cuando somos chicos hay algo que nos motiva: 

Disfrutar de la vida. 

Vas a un cumpleaños con un nene y no le importa si el pantalón combina, si la zapatilla está atada o  si está bien vestido. 

Ante el pelotero se olvidan de todo. 

Y me encanta que sea así. 

No les importa porque hay algo que están buscando: 

Disfrutar. 

Pero en algún momento crecemos. 

Y empezamos a pensar en lo que tenemos que hacer. 

Trabajo.

Estudio. 

Responsabilidades. 

Cuentas. 

Familia. 

Y en algún momento empezamos a ser grandes y dejamos de pensar cómo nos vamos a divertir para  pensar solamente en lo que tenemos que hacer. 

 

Y entonces me pregunto: 

¿En qué momento perdimos el gozo? 

¿En qué momento dejamos de jugar? 

 

Porque llega un momento en que ya no pensamos en salir a jugar. 

Pensamos en que tenemos que trabajar. 

Que tenemos que pagar. 

Que tenemos que resolver. 

Y poco a poco empezamos a amargarnos. 

Puede pasar que tu equipo de fútbol tenga todas las promesas y no gane ni un partido. Puede pasar que intentaste muchas cosas y no salió ninguna. 

O simplemente puede aparecer esa típica sensación: 

“Yo no quería ser adulto. Estaba tranquilo en mi casa cuando solamente pensaba en salir y jugar.” Ahora la luz. 

El gas. 

El teléfono. 

El agua. 

La cuota del colegio. 

La comida. 

La ropa. 

Y te preguntás: 

¿En qué momento entré a esta etapa de mi vida? 

Esto que nos pasa hoy ya pasó en la Biblia, en un momento distinto pero con la misma raíz.

Y lo que en ese momento trajo solución, hoy también nos puede traer solución. 

 

1. EL GOZO DEL SEÑOR ES NUESTRA  FORTALEZA 

El pueblo de Israel se había alejado de Dios. 

Vivía en un ciclo constante de acercarse al Señor, estar un tiempo bien y volver a caer. Se conectaban, zafaban dos días y bajaban. 

Se conectaban y bajaban. 

Todo el tiempo estaban así. 

Hasta que estuvieron mucho tiempo sin estar cerca del Señor. 

Cuando vuelven a Jerusalén para reconstruir la ciudad, Nehemías entiende algo: Esta gente no tiene historia. 

No entiende por qué están volviendo. 

No sabe todo lo que Dios había hecho por su pueblo antes. 

Entonces leen el libro de la Ley. 

Y cuando el pueblo escucha lo que había significado apartarse de Dios, empieza a llorar. Empieza a lamentarse. 

Empieza a sentirse mal delante de Dios. 

Pero Nehemías los detiene. 

No porque el arrepentimiento estuviera mal. 

Sino porque ese día no era un día para llorar. 

Era un día para celebrar que Dios les estaba dando otra oportunidad. 

Dice la Biblia: 

“Vayan y festejen con un banquete de deliciosos alimentos y bebidas dulces, y regalen  porciones de comida a los que no tienen nada preparado. Este es un día sagrado delante de  nuestro Señor. ¡No se desalienten ni entristezcan, porque el gozo del Señor es su fuerza!” 
Nehemías 8:10 (NTV) 

¿Por qué bebidas dulces? 

¿Qué te hace el azúcar en el cuerpo?

Dale un caramelo a un chico. 

No lo calmás. 

Lo potenciás. 

Se pone treinta veces más poderoso. 

Y ya en la Biblia, a través de Nehemías, Dios les está diciendo: 

Muchachos, hay que festejar. 

Porque aparece una frase que muchas veces repetimos sin entender completamente el contexto:

“El gozo del Señor es nuestra fortaleza.” 

Hay una relación directa entre gozo y fuerza que mientras vamos creciendo muchas veces vamos  dejando en segundo, tercero o cuarto plano. 

La fortaleza mental y emocional está muy fuertemente ligada al gozo que Dios pone en el corazón. 

Y acá tenemos que hacer una distinción entre la alegría que experimentamos naturalmente y el gozo  que Dios pone en nuestro corazón. 

 

2. ALEGRÍA Y GOZO NO SON LO MISMO 

Parecen similares y quizás algunos los toman como sinónimos. 

Pero hay una diferencia. 

LA ALEGRÍA 

La alegría es externa. 

Nace por un suceso bueno, un regalo o un momento feliz. 

Es temporal. 

Dura poco tiempo y se va cuando cambian las cosas. 

Es visible. 

Se expresa con risa, gritos, fiesta. 

Y es condicional. 

Requiere que algo salga bien para poder sentir alegría. 

¿Cuántos están felices cuando compran cosas nuevas? 

A todos nos gusta.

De chico decías: 

—No me traigas medias. 

Y después crecés y decís: 

—Traeme tres pares, por favor. 

Ya está. 

Pasaste la barrera. 

Una mopa. 

Una pava. 

Un celular. 

Te pone contento. 

Y está bien. 

Disfrutalo. 

Pero después pasa. 

La emoción se va. 

Porque es algo externo. 

La alegría es buena, pero es efímera. 

 

EL GOZO 

El gozo que Dios pone dentro nuestro es distinto. 

La alegría es externa. 

El gozo es interno. 

Viene desde el fondo de nuestro ser, de la fe, de la certeza de saber que quizás hoy no tengo toda la  felicidad que entiendo que podría tener, pero tengo al Dios que me da todo y con Él tengo más que  suficiente. 

Es duradero. 

No es temporal. 

Se mantiene firme incluso cuando paso dolor o tristeza. 

Es espiritual. 

Se ve como un fruto de la paz interior que Dios pone en tu vida. 

Y es incondicional.

No se rige por lujos, por recibir algo o por tener un buen resultado en lo que hagas.

El gozo de Dios sobrepasa todo. 

Y esto no tiene que ver con la edad. 

He visto gente grande más feliz y más llena de vida que personas más chicas. ¿Por qué? 

Porque la expectativa y el gozo de esta persona estaban firmes. 

Tampoco se trata del estatus social. 

No es que los que tienen más económicamente son más felices. 

Muchas veces son los más tristes de todos, pero necesitan tapar todo con cosas materiales, porque la  alegría es efímera. 

Necesitan algo nuevo todo el tiempo. 

Porque la alegría dura mientras puedan tener algo nuevo. 

Pero el gozo de Dios permanece. 

 

3. SEMBRAR CON LÁGRIMAS, COSECHAR CON ALEGRÍA 

Nosotros muchas veces nos enfrascamos en la constante de hacer. 

La diaria no nos deja ver que Dios puso gozo en nuestro interior. 

Y cuando enfocamos nuestra mente correctamente, podemos tener una fuente de energía inagotable. La Biblia nos dice: 

“Los que siembran con lágrimas cosecharán con gritos de alegría.” 
Salmos 126:5 (NTV) 

Esto es para aquellos que están pasando por un momento difícil. 

Estás pasando dificultad. 

Sí. 

Porque es parte de lo que Dios permite que pasemos para que crezcamos. 

Por eso el gozo no se basa en una circunstancia. 

Se basa en una certeza.

Los que siembran con lágrimas van a cosechar con gritos de alegría. 

Es tiempo presente y tiempo futuro. 

Estás pasando dificultad. 

Pero hay una promesa para vos. 

Tu sufrimiento no es en vano. 

Dios toma el control. 

Él puso una certeza para que entiendas que aunque pasemos la mayor de las dificultades, hay  recompensa. 

Sembrás con lágrimas hoy, pero no vas a cosechar lágrimas. 

Porque si tu presente te está haciendo transpirar, sufrir y llorar, la recompensa de Dios va a ser  mucho más de lo que hoy podés imaginar. 

 

4. MEJOR UN PUÑADO CON TRANQUILIDAD 

Hay algo que muchas veces nos roba el gozo: 

la constante de hacer. 

Hacer. 

Hacer. 

Hacer. 

Cuando estamos en ese piloto automático, no enfocamos nuestra mente en las bondades de Dios. Solamente pensamos: 

Hay que pagar esto. 

Hay que pagar aquello. 

Hay que vender acá. 

Hay que vender allá. 

Hay que trabajar. 

Y está bien. 

Hay que trabajar. 

El trabajo no es una maldición.

El trabajo es una bendición. 

Mucho tiempo enseñaron que el trabajo era una maldición, pero están equivocados.

La Biblia dice que la tierra te va a dar espinos, que vas a tener que sufrir, que vas a tener que sudar. Pero no dice que no vas a ganar. 

Vas a ganar el pan con el sudor de tu frente. 

Antes el hombre trabajaba y no sufría. 

Ahora te vas a cansar, te va a costar, pero va a haber bendición. 

Y Dios también nos enseña a encontrar equilibrio. 

Dice: 

“Mejor un puñado de tranquilidad que dos de fatiga y de correr tras el viento.”
Eclesiastés 4:6 (NVI) 

Hace un tiempo me dieron la oportunidad de dar clases a otro país. 

Eso implicaba levantarme a las cuatro de la mañana y dar clases durante varias horas. Los primeros días estaba repila. 

El problema era que terminaba eso y arrancaba con lo otro. 

Al cuarto día ya no podía más. 

Me sentía tan mal que tuve que enseñar con la cámara apagada. 

Hablaba casi por compromiso. 

Tenía que enseñar sentado frente a una computadora y hacer todas las prácticas con ellos. Después de esa experiencia dije: 

Nunca más. 

A menos que hiciera solamente eso, nunca más. 

Y el dinero no era mucho. 

Obviamente que ayudó y fue una bendición. 

Pero no era tanto como para decir: 

“Guau, esto me cambia la vida.” 

Entonces le dije a mi esposa: 

“Esto ni siquiera si necesitara la plata lo haría de vuelta.”

Porque ya había experimentado lo que era trabajar mucho, trabajar más por algo de plata y terminar  con el físico destruido. 

Después me siguieron buscando porque les había gustado. 

Tuve buena puntuación. 

Pero dije que no. 

Porque ya lo había pasado. 

Y dije: 

No vale la pena. 

Eclesiastés dice: 

“Mejor un puñado de tranquilidad que dos con mucho esfuerzo y perseguir el viento.”

Porque después que vos te esforzás, todo tu esfuerzo se desvanece. 

Y todos hemos pasado o pasaremos por estas circunstancias. 

No está mal trabajar. 

Tenemos responsabilidades. 

Tenemos familia. 

Tenemos que proveer. 

Pero que en el trabajo no sea lo más importante. 

Que el conseguir recursos no sea lo más importante. 

Porque Dios dijo que Él es nuestro proveedor. 

Yo no me quedo quieto. 

Trabajo donde puedo. 

Hago mi parte. 

Pero trato y pido a Dios que me ayude a no ser excesivo. 

Porque quizás tengamos otras cosas que nos quieran robar el gozo, pero una de las cosas que más  nos ocupa el tiempo y la cabeza es buscar recursos para la familia. 

Y Dios dijo que Él es nuestro proveedor. 

 

5. LA GRATITUD CAMBIA EL ENFOQUE 

Una de las maneras de volvernos gozosos es ser agradecidos.

Aunque no sintamos. 

Aunque no veamos. 

Aunque no entendamos nada. 

Es difícil. 

Sí. 

Pero hay que buscar ser agradecidos. 

La gratitud, como muchas cosas en nuestra vida, es una decisión. 

No un sentimiento que tenemos que seguir. 

Cuando uno entiende que puede decidir ser agradecido, puede empezar a cambiar todo lo que lo  rodea. 

Uno tiene que tomar conciencia y elegir distinto. 

Cuando empezamos a agradecerle a Dios por todo lo que nos da y hace en nosotros, nuestra mente  empieza a trazar una nueva ruta. 

Sale de la queja y se va a la gratitud. 

La queja roba fuerza, roba gozo. 

La gratitud trae gozo y trae fuerzas. 

Si el enemigo te quiere detener, no siempre puede frenarte o empujarte. 

Pero sí te puede desviar. 

Y te hace quejarte. 

Esta semana tuve una situación con mi esposa. 

Tuvimos una desinteligencia con un señor que avanzó y después retrocedió. Cuando quise pasar, lo choqué. 

En vez de decir: 

“¿Por qué volviste?” 

dije: 

“También fui yo.” 

Vi el auto de él. 

Le había desenganchado el paragolpes y tenía una raya pequeña. 

Después vi mi auto y parecía que me había pegado Hulk.

Fui a ver al chapista. 

Me pasó la cuenta. 

Y dije: 

“¡Santo!” 

Pero sinceramente, no terminé con queja. 

Sí, estaba molesto. 

Pensaba: 

“Hubiese dejado diez segundos más y listo.” 

Pero no estaba triste. 

Y en medio de todo eso empecé a ver la situación. 

Y dije: 

“Señor, gracias.” 

Porque más allá de lo que yo estaba haciendo, podía decir gracias. 

Y quizás dos semanas atrás hubiese dicho otras palabras. 

Pero Dios nos permite tener esta oportunidad de, por la gracia del Espíritu, elegir las palabras que  decir y cambiar nuestra mentalidad. 

Porque cuando podamos aprovecharla, por más que pase lo que pase: 

La circunstancia no tiene por qué dominarte. 

 

EL GOZO HABLA DE CRISTO 

Esto lo hablamos con mi esposa durante la semana: 

Cuán acostumbrados estamos a hacer, hacer, hacer y hacer y no nos divertimos en nada. 

Entonces veo un partido que debería distraerme y divertirme y me enojo porque los once muertos  no meten un gol. 

Y decís: 

“¿Por qué no juego yo?” 

Porque quizás me enojaría conmigo mismo porque no meto ningún gol.

Este es tiempo de aprovechar que la gracia de Dios está con nosotros para pedirle que nos siga  ayudando a cambiar esta forma de ver las cosas. 

Agradecer aun en medio de lo que pasa. 

Porque cuando agradecemos nos acercamos más al plan de Dios para nuestras vidas. Él nos da gozo. 

Él nos da paz. 

Y eso nos da fuerzas. 

Cuando mañana tenga que enfrentar situaciones y dificultades, ya no voy a estar con esa actitud de  pesimismo. 

Voy a poder decir: 

“Señor, es verdad. Hasta acá llegué con esto. Lloré mucho, pero hay una promesa: voy a cosechar.” Hay otra promesa: 

Nada me va a faltar. 

Y la mejor de todas: 

Tu paz sobrepasa todo entendimiento. 

Entonces: 

“Listo, Jesús. Me agarro de esto. No quiero seguir pensando en la circunstancia.”

Prefiero decidir pensar y tomar lo que está en tu Palabra. 

Y eso va a hacer que mi vida sea una vida de gozo. 

Y una vida de gozo cumple un propósito más. 

Una persona que es gozosa en medio de las dificultades habla mucho más de Cristo que una persona  que solo predica con la palabra y tiene cara de zapallo todo el día. 

La gente no viene a Cristo solamente por las palabras lindas que le digamos. Las palabras tienen una obra. 

Pero si la gente ve en tu vida que hay algo distinto, ahí la gente quiere saber qué pasa en tu vida. Qué te hace estar así. 

En medio de tu enfermedad. 

En medio de tu dificultad. 

En medio de tus circunstancias.

Cuando tenés todo complicado. 

Cuando la ansiedad te quiere comer. 

Cuando todo alrededor está mal. 

Pero vos te mantenés firme y encima con gozo. 

Dicen: 

“Este está loco, pero quiero esa locura.” 

“No paso ni un cuarto de lo que vos pasás y, sin embargo, está mejor que yo.” Hay un propósito para vos y para mí en medio de todo lo que pasamos. 

Por eso quiero invitarte esta mañana a que, sea cual sea la circunstancia que estamos viviendo,  elijamos el gozo del Señor por sobre todas las cosas. 

Por favor, ponete de pie y vamos a orar juntos. 

 

ORACIÓN FINAL 

Señor, gracias. 

Gracias por tu gozo. 

Ayudanos a elegirlo aun en medio de las circunstancias. 

Ayudanos a ser agradecidos y a confiar en vos. 

Que podamos vivir con la certeza de que, aunque hoy sembremos con lágrimas, vamos a cosechar  con alegría. 

En el nombre de Jesús. 

Amén. 

Pastor Christian Schahab