¿Qué pasa cuando estamos bajo presión y seguimos estancados?
Continuamos hablando de lo que sucede cuando estamos bajo presión. Hemos aprendido que la presión genera perseverancia; la perseverancia, carácter; y el carácter, esperanza. Esto nos ayuda a entender que, en medio del proceso que estamos viviendo, la presión no tiene por qué sacar lo peor de nosotros, sino lo mejor.
Pero hoy no quiero hablar de cualquier presión, sino de una presión sostenida. Podemos soportar mucha presión durante poco tiempo, o poca presión durante mucho tiempo; lo que se vuelve difícil es soportar mucha presión durante mucho tiempo.
Quizás hace 10, 15 o 20 años que vivís la misma presión económica, matrimonial o relacionada con tu salud mental, y no ves que salga algo bueno de eso. Al contrario, sentís que te está destruyendo de a poco. Por eso, la pregunta que guía este mensaje es: ¿por qué sigo estancado bajo presión?
Este es un llamado para quienes llevan demasiado tiempo bajo la misma presión, en el mismo lugar, peleando una y otra vez contra los mismos gigantes.
1. CUANDO LA PRESIÓN SE VUELVE PARTE DEL PAISAJE.
En 1 Samuel 17 encontramos la conocida historia de David y Goliat. Israel y los filisteos estaban enfrentados, cada ejército en un monte y un valle en el medio. Atacar al enemigo cuesta arriba significaba quedar en desventaja, por eso ambos ejércitos permanecían estancados. La situación se resolvía eligiendo a un representante de cada pueblo para enfrentarse.
Entonces apareció Goliat, un guerrero enorme que desafió al pueblo de Israel durante 40 días, por la mañana y por la noche. No eran solamente 40 días de escuchar a un gigante gritar: eran 80 ocasiones en las que los insultaba y los desafiaba.
Lo llamativo es que el ejército empezó a acostumbrarse a esos gritos. Comían, dormían y conversaban con la presión de fondo. La presión se había vuelto paisaje. Pero que algo se vuelva parte del paisaje no significa que deje de aterrarnos.
Tal vez ignoraste durante tanto tiempo la presión que hoy parece parte de tu vida. Sin embargo, sigue afectándote: es aquello que está detrás de tu cabeza, que no te deja disfrutar plenamente y que te hace sentir que estás estancado.
2. LA PRESIÓN REVELA EN QUÉ DIOS CREEMOS.
Cuando David llegó al campamento, escuchó a Goliat y preguntó quién era aquel filisteo que se atrevía a desafiar al ejército del Dios viviente. David y los soldados tenían al mismo Dios, pero no lo estaban mirando de la misma manera.
La presión puede revelar cuál es realmente el Dios en el que creemos. A veces hablamos de un Dios grande y poderoso, pero cuando llega el momento de enfrentar nuestras batallas, vivimos como si fuera demasiado pequeño para ayudarnos. Es como si tuviéramos un Dios al que podemos adorar el domingo, pero que no puede acompañarnos en las luchas del lunes.
Bajo presión sale a la luz la verdad de nuestra confianza. Podemos haber convertido a Dios, en nuestra manera de pensar, en una figura inmóvil, sin capacidad de intervenir. Pero el Dios de la Biblia no es solamente el Dios de las historias que leemos: es el Dios viviente, con quien podemos desarrollar una relación personal.
Si creemos que Dios abrió el mar Rojo, sostuvo a su pueblo en el desierto y resucitó a Jesús, también necesitamos aprender a confiar en que Él puede obrar en las situaciones que hoy enfrentamos. La invitación es a relacionarnos con el Dios viviente y volver a creerle.
3. NO NECESITÁS LA ARMADURA DE OTRA PERSONA.
David se ofreció a pelear contra Goliat. Saúl intentó vestirlo con su propia armadura, pero David no podía caminar con ella porque no estaba acostumbrado. Entonces se la quitó, tomó su bastón, eligió cinco piedras lisas del arroyo, las guardó en su bolsa de pastor y se acercó al filisteo con su honda.
Hay un peligro en recibir consejos de personas que enfrentan los mismos gigantes y siguen fracasando contra ellos. A veces, cuando intentamos salir del estancamiento, creemos que necesitamos la estrategia, los recursos o la identidad de otra persona: «Si tuviera lo que tiene aquel», «si hubiera nacido en otro lugar» o «si mi situación fuera distinta».
David entendió que no podía pelear con una armadura que no era para él. Hay personas que siguen estancadas bajo presión porque intentan vivir con una identidad prestada, creyendo que necesitan ser alguien distinto para vencer.
La pregunta es: ¿y si la clave para enfrentar tu Goliat estuviera en tu propia identidad? No necesitás convertirte en otra persona para avanzar. Necesitás reconocer quién sos y aprender a usar aquello que Dios puso en tus manos.
4. APRENDÉ A PELEAR CON LO QUE DIOS PUSO EN TUS MANOS.
Malcolm Gladwell, en su libro David y Goliat: Underdogs, Misfits, and the Art of Battling Giants, analiza la historia desde otra perspectiva. Solemos pensar que Goliat tenía todas las ventajas por ser gigante y que David ganó únicamente por un milagro inesperado. Sin embargo, también podemos observar las limitaciones de Goliat y las fortalezas de David.
El relato bíblico describe a Goliat con una armadura pesada y armas para el combate cercano, mientras que David podía mantenerse a distancia y usar una honda. Una honda no era simplemente un juguete: en manos de alguien entrenado podía lanzar una piedra con gran velocidad y precisión.
La enseñanza es que David no necesitaba pelear como Goliat. Su ventaja estaba en pelear como David. El problema aparece cuando creemos que nuestro éxito depende de imitar a otros, tener sus oportunidades o contar con sus recursos.
Este texto nos recuerda que no necesitamos ser alguien más. Podemos abrazar nuestra identidad y reconocer los recursos, la capacidad y la personalidad que Dios nos dio para enfrentar las batallas que tenemos por delante.
PARA RECORDAR:
No permitas que la presión sostenida se convierta en el paisaje de tu vida. Volvé a mirar al Dios viviente, revisá de dónde viene tu confianza y dejá de intentar pelear con una identidad que no es la tuya.
No necesitás ser Goliat para vencer a tu gigante. Necesitás abrazar quién sos y avanzar confiando en que Dios puede usar lo que puso en tus manos.
Pastora Analía Ríos.
